viernes, 22 de marzo de 2013

Los libros del mes de marzo 2013 del Grupo Leo en La Tiza: "Puñetero duende"

Los libros del mes de marzo 2013 del Grupo Leo
en La Tiza

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 20-03-2013
Diario Información de Alicante con el Patrocinio de la Fundación CajaMurcia y COES

Puñetero duende


El autor: Pasqual Alapont (Catarroja, 1963 -):
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Valencia. Empezó a trabajar para diferentes empresas y editoriales como traductor, corrector lingüístico y editor. Simultáneamente, se inició en la escritura como novelista, guionista y dramaturgo. Ha estrenado muchas obras de teatro, algunas de ellas para el público infantil, y ha publicado más de una veintena de libros, algunos reconocidos con importantes premios, incluyendo el Premio EDEBÉ del año 2001 con "La oveja negra". También en la colección Periscopio, destaca su relato "Un verano sin Francesas". Su obra ha sido traducida a diversas lenguas.

El Ilustrador: Eudald Palma (Osona - Vic):
Ha estudiado diseño gráfico en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Vic e ilustración en la Escuela Superior de Diseño y Artes La Llotja de Barcelona. Entre sus trabajos figuran campañas publicitarias, como la de las fiestas de Santa Eulàlia de Barcelona (La Laia), ilustración infantil y juvenil editorial e ilustración publicitaria.
Ha obtenido el primer premio de Ilustración a la campaña de la feria del abeto de Espinelves (2008-2009), y ha sido finalista en varios concursos de diseño e ilustración.
Sus influencias son la fantasía, el arte underground, la animación, el surrealismo, el Lowbrow y la caricaturización, y autores como Todd Schorr, Roger Olmos, Brian Froud, CF Payne, Mark Summers, Julian de Narvaez, Fernando Falcone, Toulouse Lautrec o Rednose.
Su estilo se basa en combinar técnicas tradicionales como el grafito, la aquarela y el collage con las más actuales como la pintura digital y la fotografía digital, con una estilización y deformación anatómica.

Reseña:
A David le encanta leer. Tanto, que sus padres están preocupados por si acaba confundiendo realidad y fantasía. Por eso, cuando aparece Max, un duende que solo David puede ver, el pobre chico no quiere que le tomen por loco y sufre en silencio las peripecias disparatadas que provoca su nuevo y pequeño amigo. Eso sí, sin Max no se atrevería a investigar los hechos misteriosos que atemorizan a su vecina...

La Tiza de la Lectura. Leo, leo, que me animo a leer.
Un cuento:
MAX

Casi amanecía cuando David despertó. La luz que se filtraba a través de la ventana lo ayudaba a distinguir algunas formas. El sillón con ruedas del escritorio estaba frente a la mesa. Lo debía haber colocado así, pensó. Del exterior le llegaba el trino de un pájaro, y del interior de la habitación, una especie de sonido sibilante, como el silbido del gas cuando se escapa del quemador.
David distinguió una protuberancia en uno de los brazos del sillón; debía de ser el almohadón que usaba para leer, para mantener la cabeza más alta y cómoda. Pero lo buscó y lo encontró a su lado. Entonces se le ocurrió que podía ser un jersey, aunque un jersey que silbaba, no debía de ser un jersey nada normal.
David buscó las gafas y se las puso. De repente vio o creyó ver que el sillón se movía, no demasiado, justo unos centímetros, y al mismo tiempo oyó un crec. Estaba a punto de gritar, pero por alguna razón no podía hacerlo, ni siquiera respirar. A tientas buscó el interruptor y encendió la luz.
Sobre el sillón una sombra se revolvió y alguien protestó.
-Eh, ¿qué pasa?
David se echó hacia atrás y se dio contra la pared, pero no podía ir más allá sin romper el tabique de ladrillo. La cosa que se sentaba sobre el sillón se llevó la mano a la frente a modo de visera. Si aquello no era un enano de cuento se le parecía como una gota de agua a otra gota. No medía más de dos palmos; tenía una edad indefinida, la cara curtida por el sol y las cejas tan arrugadas que daba la sensación de estar muy enfadado.
-¡Apaga la luz, caramba!
David se quedó paralizado, pero reaccionó en el acto y buscó el interruptor para hacer lo que le habían ordenado.
El desconocido rompió a reír.
-¡Era una broma, tonto! Tienes cara de susto. Ni que hubieses visto a un monstruo.¡Uuuh!
Con la ayuda de la mano, el hombrecillo giró el sillón y se situó de frente.
-Roncas.
-¿Qué? –preguntó David con un hilo de voz.
- Que roncas. Se diría que tienes la nariz tapada o algo parecido. Me has despertado tres veces.
-¿Quién eres tú? ¿Un enano? ¿El hombre del saco?
-¿Y tú quién eres? ¿Un chiquilicuatre? ¿Un mindundi? Si empezamos a insultar, tengo un buen repertorio. No me ponga a prueba.
- Me llamo… David.
- David. Sí, ya lo sé. He estado examinando tus papeles. Por cierto, tienes una letra ridícula. ¿Qué eres, zurdo? Escribes como si quisieses estrangular las letras.
David se frotó los ojos.- Debía de estar soñando aún, pensó. Contó hasta diez y volvió a abrir los ojos. Por suerte el enano o lo que fuese había desaparecido del sillón.
Pero entonces alguien habló detrás de él. Era el hombrecillo otra vez, que se había sentado sobre la cabecera.
¿A qué hora se come en esta casa? Tengo tanta hambre que me comería un dátil. ¡Qué digo un dátil! ¡Incluso una palmera!
El chico se sobresaltó. Iba a hablar, pero entonces se abrió la puerta y entró su madre. La mujer fue hasta donde él estaba y le revolvió el pelo.
-¿Estás bien, hijo?
-¿Qué?
-¿Has pasado buena noche?
David miró al hombrecillo para cerciorarse de que aún estaba allí, y este le guió un ojo. Las piernas le colgaban sobre el almohadón. Parecía muy relajado. Sonreía.
-¿Lo has visto, mamá? ¿Lo has visto?
Su madre fijó la vista sobre el lugar que le indicaba y puso mala cara.
-¡Qué asco! ¿de dónde ha salido eso?
El chico respiró aliviado. Por fin podía aclarar las cosas.
-No lo sé. Anoche ya estaba. ¿Te acuerdas?
-Claro que me acuerdo.
-No sé como ha podido llegar hasta aquí. A lo mejor no es de nuestro planeta.
-¿No es de nuestro planeta? ¿Eso es lo que crees?
-Pregúntaselo. Habla nuestro idioma.
Su madre lo miró de arriba abajo.
¿Se lo pregunto? ¿Eso es lo que quieres que haga? ¿En serio?
¿Qué pasaba? ¿Por qué su madre le hablaba en ese tono? ¿Por qué lo miraba como si lo acusase de algo?
-¿Qué quieres que le diga, David? ¿De qué planeta viene ese trozo de barro? ¿Te gustaría eso? ¿Crees que me gustan tus bromas? ¿Qué no tengo nada mejor que limpiar tus porquerías?¿Y encima tengo que aguantar que te burles de mí? ¿Cuántas veces te he dicho que no pongas tus zapatos sobre la cama? ¿Cuántas?
David estaba perplejo. El hombrecillo se reclinó contra la pared, con las manos cruzadas sobre el cogote y con una pierna descansando sobre la otra.
¿Cómo era posible que su madre no viese a aquel enano desvergonzado? Y si no lo veía, ¿qué era lo que eso significaba? ¿Es que tal vez le faltaba un tornillo? ¿Era eso? David empezó a sudar.
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Fragmento del libro: Puñetero duende
Ilustraciones: Eudald Palma
Editorial:  Algar
Colección: Calcetín +10
ISBN: 9788498455199
Actividades:
  1. ¿Cómo era el hombrecillo que estaba sentado sobre el sillón?
  2. ¿Alguna vez te has quedado perplejo? ¿Por qué?
  3. Escribe un cuento o poema. Envíalo, acompañado de un dibujo original, al Concurso Literario Grupo Leo 2013:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
O por Email a:
  • grupoleoalicante@gmail.com
Importante: No olvides escribir tu nombre, curso, centro educativo y teléfono o e-mail de contacto.
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    grupoleo@terra.es

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