viernes, 24 de julio de 2009

Cuentos del murciélago goloso. Frida


Diseño de la cubierta: Santiago Gallego
Cuentos del murciélago goloso
© Autores LIJeros
Índice de cuentos y autores:

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Frida

por Esperanza Fabregat


Autora de las ilustraciones: María Sierra Varo

Frida tiene los ojos negros y el pelo ensortijado. Mamá se empeña en ponerle pinzas que le aparten los rizos de la cara pero ella no quiere. Se sube a una banqueta, delante del espejo del baño, y se las quita. Luego las esconde para que Mamá no pueda volver a ponérselas.
Hoy Mamá no está para peinarla pero Papá le ha puesto tres pinzas rosas.
—Frida, déjate las pinzas, que estás muy guapa y Mamá se va a poner muy contenta.
Frida quiere que Mamá esté contenta pero no le gustan las pinzas. Papá le ha puesto un vestido rosa con un gran lazo en la espalda. Y Frida se mira en el espejo y hace un mohín que la pone muy fea. Se ríe y ve en el espejo los dientecitos pequeños, torcidos.
En el coche Papá le va hablando de lo bien que lo va a pasar ahora.
—Ahora eres la hermana mayor. Tendrás que dejarle tus juguetes y compartir tus cosas.
A Frida no le gusta la idea de compartir sus cosas.
—Vas a cuidar de él y te va a querer mucho —le dice mirando por el retrovisor.
Frida se agacha un poco y se quita dos de las pinzas sin que Papá la vea.
Entran en el hospital y Frida aprieta la mano de Papá porque no le gustan los hospitales. Papá le coloca bien la única pinza que le queda mientras esperan el ascensor.
—Mira que eres cabezota, con lo guapa que estabas…
—¿Ya no eztoy guapa, Papá? —dice Frida, dejando escapar el aire entre
los dientes al tratar de pronunciar la ese.
Papá sonríe y le da un beso. Le quita la pinza y le despeina los rizos.
—Tú eres la más bonita del mundo —le dice.
Mamá está tumbada en la cama. Ella también tiene el pelo rizado pero nunca lleva adornos. Frida se acerca despacio porque le da miedo verla así.
—Ven, Frida, mira a tu hermanito.
Envuelto en una sabanita, Mamá le enseña un bebé dormido.
—Mira, Frida, este es Diego.
Frida se acerca a verlo, lo huele, lo toca con la puntita del dedo, como si se fuera a romper, y abre la mano que lleva cerrada desde que salió del coche.
Coge una pinza rosa con cuidado y se la pone a Diego en los cuatro pelos que asoman por encima de la sábana.
—Hola, Diego, zoy Frida, tu hermana mayor. Y a partir de ahora, vamoz a compartir miz cozaz.

© Esperanza Fabregat

3 comentarios:

white dijo...

Cuando nació mi hermana yo no compartí nada con ella, sólo se me ocurrió tocarle los ojos (según me dicen, un poco demasiado fuerte) y decir:
"Mira, se mueven"
Me ha encantado tu cuento y me ha arrancado la primera sonrisa de la mañana. Un beso, Hermi

Anónimo dijo...

Delicioso el cuento,una hermanita mayor muy traviesa y lúcida, peleando con sus rizos rebeldes y sus celillos del recién nacido.Ah y la ilustración tampoco tiene desperdicio. Se ve feeling entre las artistas. un abrazo a ambas y a seguir en ello. Y feliz verano. carmina

solsilvestre dijo...

Cuando Lucas, mi hijo mayor, conoció a Julián (el más peque) en la clínica, temblaba como una hoja. Recuerdo haber pensado: "cuáles serán sus pensamientos ahora". Con este cuento, Chiki, nos retrataste ese momento entre amargo y maravilloso: todos tenemos la atención puesta sobre el recién llegado y el hermano mayor pierde terreno en la escena. Me encantó ver a Frida como protagonista. También es chica y se lo merece.Un abrazo,