lunes, 9 de marzo de 2015

Los libros del mes de marzo "Veinte mil leguas de viaje submarino"



Reseña:

A mediados del siglo XIX la desaparición de numerosos barcos sin una explicación clara hace que navegar los mares ya no sea seguro. Los datos señalan a un monstruo marino, más grande que una ballena, dotado de una gran velocidad, potencia y que se vuelve, a veces, fosforescente.
Una expedición que incluye al profesor Aronnax, un naturalista, a Conseil, su fiel criado, y a Ned Land, el rey de los arponeros, saldrá a la mar a intentar desvelar el misterio. Pero pronto serán atacados por la bestia y los sobrevivientes serán testigos de algo que no creerían si no lo vieran con sus propios ojos.
A bordo de la incomparable embarcación submarina del particular capitán Nemo, podrán ver escenarios vedados a la mirada humana y los prodigios naturales que pueblan los abismos marinos.

En Veinte mil leguas de viaje submarino Julio Verne hace gala, una vez más, de su capacidad para adelantarse a los desarrollos científicos y con su inacabable imaginación y sus magníficas descripciones nos transporta a otro de sus mundos de aventuras.

El autor:

Jules Verne nació en Nantes (Francia) el 8 de febrero de 1828 en el seno de una familia vinculada a la jurisprudencia y falleció en 1905 en la ciudad de Amines.

En 1847 comenzó sus estudios de Derecho en París, donde se graduó como abogado en 1849. A pesar de los deseos de su padre, que quiso que se dedicara a su carrera de abogacía y ante la amenaza de quitarle el financiamiento, Verne no estaba interesado en seguir esa labor. Sin el apoyo económico de su padre, gastaba todos sus ahorros en libros y se pasaba largas horas en las bibliotecas de París queriendo saberlo todo: estudia geología, ingeniería y astronomía, conocimientos con los que más adelante documentaría sus fantásticas aventuras y predeciría con asombrosa exactitud muchos de los logros científicos del siglo XX. Hablaría de cohetes espaciales, submarinos, helicópteros, aire acondicionado, misiles dirigidos e imágenes en movimiento, mucho antes de que aparecieran estos inventos.
En 1862 publicaría su primera novela Cinco semanas en Globo, un éxito fulminante, gracias al cual firmó un espléndido contrato con el editor P. J. Hetzel, que le garantizaría la cantidad anual de 20.000 francos durante los siguientes veinte años, a cambio de lo cual se obligaría a escribir dos novelas cada año. Luego le siguieron Viaje al centro de la tierra (1864), De la tierra a la luna (1865) y Veinte mil leguas de viaje submarino (1870).
Célebre por sus relatos de aventuras fantásticas, narradas siempre con un tono de verosimilitud científica, en las que describe, con una visión casi profética, multitud de logros científicos, inventos y descubrimientos posteriores a su época, fue considerado el precursor de un género literario nuevo, la ciencia ficción.
Adaptador:
Jesús  Cortés ( Torrent 1962)
“¿Presentarme?, ¿yo? ¿Y qué os puedo decir? Si un día me viera por la calle y tuviera que presentarme a mí mismo, seguramente... lo dejaría para otra ocasión. No obstante, lo intentaré. Me considero un tipo (casi) tranquilo que se conforma con poco. Soy muy casero, y en casa, con mi esposa, mi hija, y mis pequeñas cosas, tengo suficiente para sentirme más que afortunado. Me gusta controlar el tiempo y ser consciente de que no lo pierdo. (Pero no soy infalible: una vez perdí un par de horas por casa y todavía las busco. Y el caso es que estaban ahí mismo, justo ahí, entre el tesoro de Stevenson y el globo de Verne. Claro que había mucho que clasificar en las estanterías, y en un despiste... ¡Grrr!).¡Huy!, creo que estoy agotando las lineas. En fin, en otra ocasión os hablaré de mis viajes. Como os he dicho, soy muy casero, pero cuando salgo de casa y no es a la farmacia o a la panadería a donde voy, fácilmente puedo acabar en un tranvía de Lisboa o en las catacumbas de París. Por cierto, no os he hablado de la música, o del cine... ¡Me gustan tantas cosas!”
Ha publicado en la colección de Calcetín Azul otras adaptaciones de obras de la literatura universal como La Iliada, La Odisea, Frankenstein,  y Drácula.

BAJO LOS HIELOS

El Nautilus reemprendió el viaje con rumbo sur. Vigilando la brújula y siguiendo la ruta en un mapa, nos dimos cuenta de que, a medida que transcurrían los días, el rumbo continuaba inalterable. Bajábamos en picado a través del mapa. Como ya era costumbre, salíamos a la superficie para renovar el aire del submarino, pero en seguida continuábamos el viaje hacia el sur, siempre hacia el sur.
El 13 de marzo ya habíamos recorrido trece mil leguas desde nuestro punto de partida y el viaje continuaba, siempre descendiendo a través del océano Atlántico. Las sospechas nos hicieron pensar que el capitán tenía la intención de llegar al polo sur.
- La verdad, profesor –me dijo Ned Land-, es que no me extrañaría en absoluto. Su admirado capitán está como una cabra. Usted no quiere creerlo, pero es así.
Nuestras sospechas se confirmaron cuando, tres días después, dejamos atrás el círculo polar antártico y el hielo empezó a rodearnos por todas partes.
- Pero ¿hasta dónde querrá llegar?- me preguntaba.
- Al parecer –me dijo Conseil- hasta que ya no pueda llegar más lejos.
A medida que nos acercábamos al polo sur magnético, las agujas de las brújulas empezaron a dar vueltas sin orden ni concierto. Navegábamos en superficie mientras el espolón de proa del submarino se abría paso a través de la capa de hielo con una fuerza increíble. Pero llegó un momento en el que aquellos bloques de hielo se convirtieron en una llanura inmensa, rodeada de montañas blancas. Solo entonces, vestidos con pieles de foca y de oso polar, salimos a la plataforma del Nautilus para contemplar la magnífica blancura que nos rodeaba.
-Esto es el gran banco de hielo –dijo Ned Land-. Ya no podremos avanzar más. El banco de hielo es un muro infranqueable.
-¿Y qué habrá más allá? –pregunté.
Ned Land me miró como si no diera crédito a mi ignorancia.
- Pues más allá, profesor –dijo-, hay más hielo, y más hielo, y más hielo.
Luego, el arponero se puso a vigilar la popa. El agua se congelaba rápidamente. El Nautilus no tardaría en quedar atrapado. En ese momento apareció el capitán Nemo. Ned le miró de reojo.
- Y bien, capitán –le dijo-, ¿se puede saber qué hacemos aquí? Porque…
- Por supuesto que se puede saber qué hacemos aquí –le interrumpió el capitán-. Nos dirigimos al polo antártico, al punto en el que se cruzan todos los meridianos del globo.
Incrédulo, Ned Land le replicó:
- Ya, lo comprendo, al polo antártico… Pero el resto del camino lo tendrá que hacer usted a pie. Yo, por lo menos, no tengo la menor intención de…
El capitán soltó una sonora carcajada.
- Amigo Ned –le dijo-, me parece que ha olvidado usted que está a bordo del Nautilus.
El capitán lo tenía todo previsto. El banco de hielo era infranqueable, pero nada nos impedía continuar el viaje por debajo de los hielos. De eso se trataba. Solo hacía falta maniobrar el submarino con la destreza suficiente para evitar los bloques de hielo que permanecían sumergidos. Porque, si chocábamos con cualquiera de ellos, tal vez terminaríamos sepultados para siempre.
- Emocionante, ¿verdad, Conseil?
- Yo, lo que quiera el señor… Mientras no nos falte el aire.
Navegamos durante un día entero a distintas profundidades, buscando el final del banco de hielo y, por lo tanto, el mar abierto, al cual llegamos la madrugada del 19 de marzo. Cuando salimos a la plataforma, casi no nos lo podíamos creer. Como el capitán había previsto, estábamos rodeados de un mar cubierto de icebergs y de grandes fragmentos de hielo. Veíamos volar petreles y albatros. En una isla montañosa cercana a nuestra posición, el capitán escogió una de las cimas más elevadas, desde donde pudo comprobar, con la ayuda del sol, que efectivamente, estábamos en el mismo corazón del polo sur, un corazón poblado por ballenas, focas y morsas.
Después de esta nueva experiencia, ya me daba lo mismo hacia dónde quisiera dirigir el capitán la proa del Nautilus. Confiaba a ciegas en él. Cuando nos volvimos a sumergir para continuar el viaje, comprobamos que regresaríamos por el mismo camino por el que habíamos venido, es decir, por debajo del banco de hielo, pero con rumbo norte.
- Una buena decisión –dijo Ned Land-. Por mí, ya pueden dejar el timón bien atado, hasta que esta lata meta sus narices en las mismas islas británicas.
Nada hacía pensar, sin embargo, que treinta y seis horas después seríamos víctimas de una terrible cuenta atrás.


Autor: Jules Verne
Versión de: Jesús Cortés
Dibujos de; Enric Solbes
Colección: Calcetín Azul
Editorial: Algar

ACTIVIDADES:

1. El fragmento que acabas de leer ha sido extraído de una novela de ciencia ficción. Busca en internet información acerca de este tipo de novelas y averigua si alguna de ellas ha sido llevada al cine.

2. Los personajes que aparecen en el fragmento anterior están condenados a vivir para siempre en el Nautilus, el submarino diseñado por el capitán Nemo, porque así este lo había decidido. ¿Consideras que vale la pena renunciar a la libertad a cambio de conservar la vida?

3. Escribe un relato cuya acción principal transcurra dentro de un submarino y envíalo por correo postal acompañado de un dibujo y de tu nombre, apellidos, curso, colegio y nº de teléfono particular y e-mail de tus padres a:

Concurso literario Grupo Leo
Apartado de correos 3008
(03080 ALICANTE)

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