viernes, 6 de noviembre de 2009

Lectura de "Una nueva estrella" de Pilar Fernández Tormo

Lectura de las obras premiadas en el XIV Concurso Literario Provincial Grupo Leo - Editorial Aguaclara 2009.
Cuento: "Una nueva estrella"
Autor: Pilar Fernández Tormo
Curso: Sexto de Primaria. Colegio Jesús-María CEU - Alicante
© El Autor. Todos los derechos reservados
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Una nueva estrella

A partir de la Navidad del año 2008, una nueva estrella brilló en el firmamento. Mariángeles es una joven abuela: joven porque no tiene mucha edad, y abuela porque dentro de poco tendrá una preciosa nieta. Y, a pesar de tener yo once años, somos buenas amigas. Pero para ella esta Navidad fue un poco rara, quizá más bien la palabra sea "dolorosa". Llevaba meses luchando con todas sus fuerzas contra lo que el destino le tenía reservado a su querido compañero de fatigas, Jos.
Jos fue un perro que durante doce años llenó de alegría la casa de Mariángeles, y, desde que ambos se conocieron y se miraron por primera vez a los ojos, supieron que iban a pasar gran parte de su vida juntos.
Los años transcurrieron muy deprisa, con felicidad y cariño. Mariángeles lo cuidó con mucho mimo: lo sacaba a pasear, le hacía la comida, lo llevava al veterinario y lo bañaba y peinaba. Jos siempre esperaba su llegada a casa para jugar con ella. Sin darse cuenta, esos doce años pasaron casi de un soplo, en un santiamén, y Jos envejeció igual que cualquier ser vivo.
Mariángeles, llena de tristeza y valentía, intentó desafiar las leyes de la naturaleza e hizo lo posible por salvar a su querido amigo de las garras de la muerte, pero como es imposible ir en contra de nuestra propia esencia, Jos ya no pudo continuar luchando y, tras varias semanas enfermo, se dio por vencido. Su débil corazón dejó de latir y expiró en brazos de Mariángeles que, destrozada por la pena y la nostalgia, aceptó la triste situación.
Aquel último día del año sin Jos se le hizo insoportable y, a pesar de la cena en familia y de la entrada del año, la tristeza se olía en el ambiente. Ya nada sería igual. Sin embargo, tras las doce campanadas que anunciaban la entrada del nuevo año, Mariángeles tuvo una intuición y con mucha rapidez abrió la ventana del salón y se asomó. Las sienes le latieron con fuerza y su respiración se aceleró más de lo normal: tuvo una corazonada. Conocía muy bien a Jos y sabía que nunca la dejaría, por eso fijó los ojos en el cielo y admiró la noche estrellada que cubría su cabeza, mientras un viento helado le contaba las mejillas. Y entonces fue cuando la vio. Entre todas, había una gran estrella muy refulgente, centelleando sólo para ella. Jos no había querido abandonarla y se había refugiado en una cálida estrella, que nació del amor que había entre ellos.
De esta manera, Mariángeles puede cada noche asomarse a su ventana y observar que en el cielo hay yna estrella que reluce con más intensidad que las otras: desde allí Jos la mira con cariño y la espera, para algún día jugar de nuevo con ella. 
© Pilar Fernández Tormo

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