miércoles, 18 de octubre de 2017

Los libros del mes de octubre: "Los últimos gigantes"

Reseña:
A mediados del siglo XIX el explorador inglés Archibald  Leopold  Rutmore adquiere lo que parece ser un diente de gigante tallado a mano. Grabado en él, aparece un mapa que podría ser la Tierra de los Gigantes. Así comienza una aventura llena de misterios y peligros para alcanzar una verdad desconocida.
Una edición aniversario de este emocionante relato de François Place, con un apéndice sobre las propiedades y particularidades de los tatuajes en los gigantes de los altos valles del Himalaya y de las conclusiones que se pueden sacar sobre el largo viaje que estos emprendieron.
Maravilloso álbum ilustrado a la manera de los mejores libros de viajes, toda una joya. La aventura, la intriga y las sorpresas están garantizadas en  la lectura de este libro apasionante, con un cierto tono romántico. Completan este sorprendente libro las acuarelas de su propio autor que impregnan la ilustración de un gran carácter narrativo.
Mención especial requiere el apéndice que lleva el libro, y más en estos tiempos en que los tatuajes están tan de moda.

“En el país de los gigantes, el arte del tatuaje llega al apogeo de su expresión. En belleza supera al de los soberbios maorís, con quienes el capitán Cook se encontró durante sus lejanas travesías por los mares del Sur…”
Lectura recomendada para chicos y chicas a partir de 5º de Primaria, pero esta recomendación de edades siempre es orientativa.

El autor:

François Place. Nació en 1957 en Ezanville, Francia. Realizó sus estudios en la Escuela de Estienne. Es ilustrador de 24 libros y autor-ilustrador de algunos otros incluyendo Los últimos gigantes. Actualmente vive en Taverny, cerca de París, con sus dos hijos.


ENCUENTRO CON LOS GIGANTES
Una noche fui despertado por unos alaridos que le helarían la sangre a cualquiera. Desde el bosquecillo de helechos gigantes que camuflaba mi lecho, asistí impotente a la masacre de los hombres de mi expedición. Los wa merecían ampliamente su reputación. Habían cercado el campamento, invisibles y silenciosos, para luego atacar con la rapidez fulminante de la cobra. El hombre de guardia, a quien había confiado mi arma, fue muerto antes de poder dar la alarma. La emboscada ni siquiera duró un minuto. Desaparecieron con la misma rapidez, y solo quedó en la selva el rumor de los insectos y el chillido de los monos. Atontado, con el corazón latiendo estrepitosamente, reuní lo poco que me quedaba: el reloj y la brújula, los cuadernos, azúcar, té, algunas galletas y un frasco de esa mermelada que tan bien cocinaba mi querida Amelia. Entonces, no pude contener las lágrimas. Desandar lo andado era correr hacia una muerte segura. Los wa rondaban todavía esos parajes. Añadir a su macabra colección mi cabeza cubierta con un sombrero de copa no les habría desagradado del todo. Así que decidí mantenerla sobre mis hombros el mayor tiempo posible y caminar hacia el norte. El terreno se elevaba continuamente.
La selva iba dando poco a poco espacio a una vegetación más rala. Frente a mí se levantaba una formidable barrera rocosa y más allá resplandecían las crestas nevadas de una cadena de montañas. Era una locura pensar en poder atravesar semejante obstáculo con el poco de comida que me quedaba. El cansancio, el hambre y el frío se convirtieron en fieles compañeros y puedo atestiguar aquí todos los desvelos que me procuraron. De tanto escucharlos, mi razón vacilaba. Me dije que la vida me mostraba los dientes y me puse a reír tan fuerte que toda la mañana se carcajeaba conmigo. En ese instante, la locura de mi proyecto se dibujó en toda la extensión de su absurdo. De pronto, un rayo de sol iluminó el borde de una falla, colándose como una sonrisa fugaz en la frente obstinada del risco.
A mis pies, esta luz dibujaba una especie de camino. Incliné atentamente la cabeza y percibí cavadas en la piedra, huellas de pisadas monstruosas, ¡pisadas de gigantes! El corazón se me salía del pecho. ”¡Imposible! ¡Es imposible!”, murmuraba mientras seguía la pista impresa en el suelo. Las huellas llevaban a un desfiladero, a una grieta vertical que cortaba la montaña tajantemente como la mordedura de un hachazo sobre la madera tierna. Avanzaba lentamente, con pasos precavidos, por ese corredor formidable cuyas paredes velaban la luz del sol. Al final, el horizonte se ensanchaba y divisé, más allá de las puertas de piedra, un inmenso valle acordonado de montañas y sembrado de enormes bloques rocosos. Esa noche acampé al abrigo de la gran falla. Al día siguiente emprendí la exploración del valle. Las rocas tomaban las formas más extraña. Una de ellas de color marfil, de cima redonda y cavada de surcos parecidos a unas órbitas, atrajo particularmente mi atención: era un cráneo. ”Un cementerio de gigantes –pensé-. Me acerco a la meta. Después de tantas pruebas, privaciones y dudas, había por fin llegado a ese país fabuloso cantado por innumerables leyendas. Consagré el resto de esa jornada bendecida por los dioses a las nobles tareas de la ciencia: anoté las dimensiones fabulosas de un esqueleto semi-descubierto, dibujé alguna vista pintoresca que debía fijar en el recuerdo. El levantamiento topográfico del valle me tomó un mes entero. Enumeré cerca de ciento diez esqueletos, aunque supuse que la tierra conservaba todavía más.
Algunos cráneos estaban coronados por sorprendentes sombreros de piedra, lo que indicaba que habían sido objeto de ceremonias rituales .El conjunto debía datar de unos tres o cuatro mil años. La causa de la extinción de este pueblo era un misterio por aclarar .Al noroeste, el valle se curvaba para elevarse hasta una especie de meseta. Subí peldaño tras peldaño los escalones de es anfiteatro ciclópeo. Desde hacía tiempo me alimentaba solo de líquenes y raíces con un poco de azúcar y bebía el agua acumulada en las concavidades de los peñascos. Estaba tan agotado que perdí toda noción del tiempo y cuando llegué a la meseta me encontraba en un estado cuasi sonámbulo. Enormes pilares parecían sostener el cielo. Sin fuerzas me sumergí en un profundo sueño.


Escrito e ilustrado por: François Place
Editorial: Ediciones Ekaré

ACTIVIDADES:
1.- ¿Podrías imaginarte a los wa? Haz una descripción de ellos. ¿Cómo eran? ¿Cómo vestían? ¿Qué costumbres tenían?
2.- Cuando se despierte de su profundo sueño nuestro protagonista, ¿ con quién crees tú que se puede encontrar ? En el blog del grupo LEO tienes una pista.
3.-Haz una ilustración sobre el paisaje que aparece descrito en este texto.
4.- Escribe un relato en primera persona en la que tú seas el protagonista de un viaje a un lugar maravilloso en busca de una civilización perdida.


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