miércoles, 21 de septiembre de 2016

Los libros del mes de septiembre "Siete caperucitas y un cuento con lobo"



Reseña:
Mateo va a pasar ocho días en casa de sus abuelos, mientras sus padres están de viaje. Cada noche, su abuelo le contará una versión distinta y muy divertida del cuento de Caperucita Roja. Esta ya no será una dulce e ingenua niña, sino que se convertirá en una cazadora de lobos, en una joven que quiere disfrutar de la vida o en una terrible vampira.
Divertido e ingenioso libro de Carles Cano, lleno de múltiples posibilidades para jugar, armar, desarmar, representar, imaginar, cantar, dibujar, pintar y poder hacer todo aquello que a uno le gustaría hacer con un libro.
Siete caperucitas y un cuento con lobo es una “versión gamberra” del cuento clásico de Caperucita y el Lobo, a la que tan acostumbrados nos tiene Carles. Esta versión nos permite recuperar el cuento clásico, para volver a leerlo y preservarlo del olvido, y abrir un nuevo  horizonte a la imaginación de los jóvenes lectores, o a los no tan jóvenes, los buenos libros no entienden de edades. Edad recomendada: a partir de 10 años.

El autor:
Carles Cano nació el siglo pasado, en el 57. Dicen que la cosecha de Rioja de aquel año fue excepcional. Pero desgraciadamente Carles no es un vino, y por si fuera poco nació en Valencia el año de la Riada y bajo el signo de agua: los peces.
Ha trabajado de un puñado de cosas en esta vida: de carpintero, de tallista en madera, de camarero, de profesor de baile, de profesor de valenciano, de locutor y guionista de radio y televisión, de cuentacuentos, de escritor... y todavía hay un puñado de cosas que le gustaría hacer.
Como cuentacuentos ha participado en algunos festivales internacionales y ha contado en varios países tales como: Guinea Ecuatorial, Francia, México, Argentina, Marruecos y el Reino Unido, así como en todo el Estado español.
Se dedica a la poesía visual desde el año 2000 en que montó una exposición con sus alumnos de literatura titulada: "Poemas Broemes y otros artificios”. En 2003 expuso otra titulada «Cartas» y en 2005 impulsó el proyecto “Trueque", una exposición-intercambio con más de 60 poetas, ilustradores, pintores, titiriteros, escultores, dermatólogos y profesoras de inglés.
Ha participado como conferenciante en diversos encuentros, mesas redondas, jornadas... referidas a literatura infantil y juvenil, radio, televisión, teatro, poesía visual y literatura oral.
Comenzó a escribir en 80 por una apuesta y ahora continúa apostando contra él mismo. A veces pierde, pero cuando gana es tan fantástico que esto le anima a seguir jugando. Le encanta contar historias en el formato que sea, tal vez por eso ha escrito cuentos, guiones para radio y televisión, cómics, teatro, aforismos, poemas...
También le gusta mucho buscar y, por supuesto, encontrar; ya sean espárragos, setas, lugares, personas, historias, poemas visuales o retablos góticos. Le molesta mucho la mezquindad, el meninfotismo y el trabajo mal hecho. Todavía se sorprende de muchas cosas. ¡Esto no es todo amigos!
Es socio de la Asociación de Escritores en Lengua Catalana.

El ilustrador:
Emilio Urberuaga nació en Madrid en 1954, y trabajó como estampador y grabador antes de dedicarse a la ilustración de libros infantiles. Su obra, llena de fantasía y buen humor, es una referencia nacional e internacional en el ámbito de la ilustración. En Anaya ha publicado, entre otros, Marina, Pluma y Tapón y Animales parecidos, de los que es autor también del texto, y varios títulos de Daniel Nesquens, entre ellos el ganador del VII Premio Anaya de Literatura Infantil y Juvenil, El hombre con el pelo revuelto. En 2011 recibió el Premio Nacional de Ilustración.

¡A LA PORRA LA CAPUCHA ROJA!

En casa de la Caperucita había una buena montada, el griterío se oía a la legua. Bueno, quizás “a la legua” es exagerar, pero desde el camino se escuchaba perfectamente. En un día normal, Caperucita Roja haría un rato que habría salido de casa enfilando el atajo del bosque para dirigirse a la de su abuelita, y ya estaría a medio camino. Pero aquel era un día extraño, la noche anterior había habido luna llena, Caperucita prácticamente no durmió escuchando los aullidos del lobo y, por si fuera poco, nevaba copiosamente. Estaba claro, no se había levantado con buen pie y no estaba para romances.
—Mira, mamá, estoy harta, soy demasiado mayor para llevar esto. No me la pienso volver a poner, así es imposible pasar desapercibida por el bosque. ¡A la porra la capucha roja!—clamó la muchacha lanzándola con furia al suelo.
—¡Justamente! De esto se trata, de que no pases desapercibida, de que alguien, cazador, leñador o paseante, te vea por el bosque y así te pueda localizar en caso de que te pierdas o de que te pase algo.
—Claro, tú no vas por ahí dando risa, de ti no se burlan los niños diciéndote cosas como: ”Roja, roja como una amapola. El lobo te asará en una cacerola”.
—¿Esto te dicen?
—Y cosas peores: ”Con su caperuza roja, cada día está más loca” o “Caperucita rojita, corre, corre, pasa, pasa. Déjanos la cestita y un pastel de calabaza”.
—Vaya, no los hacía tan ingeniosos a esos ceporros del bosque.— ¿Qué?
—Nada. Tendré que ir a hablar con los padres de esos granujas.
Y mientras tanto, ¿qué?
—Mientras tanto nada, te pones la capucha roja, que hace frío y nieva, y te vas a casa de la abuela que debe estar esperándote.
—Ni pensarlo, soy un blanco perfecto.
—¡Pero si vas de rojo!
—Madre, no te hagas la graciosa. Cuando es época, me lanzan bellotas, nueces y avellanas, pero ahora que se han acabado ¡me lanzan piñas!
—Serán…
—Sí, lo son.
—¿ Y qué podemos hacer?
—No sé, ¿qué tal si cambiamos el color de la caperuza y me haces un abrigo más moderno?
—¿Tú crees? ¿Y si te llevas una raqueta y les devuelves las piñas cuando te las lancen?
—¡Mamááá´!
—Vale , vale, déjame pensar…
Mientras tanto, el lobo feroz esperaba en su rincón del bosque, más helado que un piojo, pues había nevado y corría un airecillo de aquellos que cortan el aliento. Se frotaba las patas y de cuando en cuando el hocico, del que le colgaba el moquillo. Por más que oteaba el horizonte en busca de alguna capucha roja, esta no aparecía, ni roja ni de ningún otro color. Desesperado, se quejaba:
—No, si ya me lo decía mi padre que este no era un buen oficio. Ya verás, cualquier día me encontrarán aquí riéndome, tieso como un rábano.
¿Dónde demonios se habrá metido esta niña? Mira, ¿sabes qué? Me voy a casa de la abuela a ver si sabe algo.
Y así lo hizo, por el atajo más corto, corriendo como un gamo perseguido por una jauría para ver si entraba en calor, llegó el lobo a casa de la abuela y llamó con fuerza tres veces a la puerta: ¡POM! ¡POM! ¡POM! Pero allí no abría nadie. Tuvo que llamar todavía más fuerte: ¡POM! ¡POM! ¡POM!
—¡Ya va, ya!— se oyó al fondo— ¿Quién es?
—¿Quién ha de ser? ¡Yo, el lobo! ¡Abre!
La abuela abrió la puerta, se quedó mirando como el lobo se frotaba las patas y se echaba el aliento a las zarpas para entrar en calor y le dijo:
—Ostras, me había dormido esperándote. ¿Tú no tenías que decirme que eras mi nieta poniendo vocecita?
—Sí, pero tu nieta no ha aparecido y en el rinconcito aquel hace un frío que hiela los pensamientos. ¿Me vas a tener aquí en la puerta a ver si cojo una pulmonía o me vas a dejar pasar?
—Pasa, pasa. Ahora te preparo un caldo calentito o una sopita.
La abuela se fue a la cocina a trastear con las cacerolas mientras el lobo se arrimaba a la chimenea y se pegaba dos o tres quemazos de tan helado como estaba. Al momentito ya tenía a la abuela a su lado con un tazón humeante en las manos.
—¡Qué olor a chamusquina! ¡Saca la cola de ahí, que todavía le pegarás fuego a la casa!
—¡Auuuuuuu!—dijo el lobo, apagándose la cola, y mientras sorbía aquel caldo que hacía revivir a un muerto, le preguntó:—¿Tú sabes algo de tu nieta?
—¿Yo? Ni que fuera adivina. Vete a saber, a lo mejor está enferma o se ha peleado con su madre; siempre están a la greña, como el perro y el gato.
—Hum… ¿y ahora qué hacemos?
—No lo sé, pero mientras viene o no viene, podíamos ahorrarnos la parte esa en que tú me tragas, es bastante asqueroso estar en tu barriga, ¿sabes?
—No creas que a mí me gusta mucho tenerte ahí dentro, no vayas a pensar, sobre todo cuando llevas horquillas en el pelo que se te caen por ahí y acabo con unos dolores de estómago… Por no hablar de aquella vez que se te perdió la dentadura postiza.
—Mira, mejor no me hables de eso… Si pienso como la recuperé…

Autor: Carles Cano
Ilustrado por: EmilioUrberuaga
Editado por: Editorial Anaya


ACTIVIDADES:

1.-La abuela y el lobo quieren escaparse del cuento, ¿se te ocurre algún sitio al que les gustaría ir?
2.-Este texto se presta mucho a la dramatización. En colaboración con tu equipo de trabajo montad esta escena y representadla delante de vuestros compañeros.
3.-Dibuja una Caperucita y un lobo, intenta ser original y no los copies de ningún dibujo ya existente.
4.- Escribe una historia disparatada en la que los personajes sean Caperucita y el lobo .Envíala por correo postal con un dibujo y acompañada de tus datos personales (Nombre, Apellidos, Colegio, Curso, teléfono y una dirección de correo electrónico) a:

Concurso literario Grupo Leo
Apartado de correos 3008
03080 Alicante

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