domingo, 29 de septiembre de 2013

Los libros del mes de septiembre 2013 del Grupo Leo en La Tiza: "Un reloj con plumas"

Los libros del mes del Grupo Leo
en La Tiza

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 25-09-2013
Diario Información de Alicante con el Patrocinio de la Fundación CajaMurcia y COES
Un reloj con plumas

El autor: Roberto Aliaga (Argamasilla de Alba (Ciudad Real), 1976 -):
Biólogo y escritor de literatura infantil y juvenil. Comenzó en la LIJ en 2005 y, a partir de la buena acogida de crítica y público de Cactus del desierto, ha ido publicando a buen ritmo y cada año más obras que el anterior. Junto al ilustrador catalán Roger Olmos ganó, en 2008, el Premio Lazarillo de álbum infantil ilustrado por El príncipe de los enredos, y en 2009 la Biblioteca Juvenil de Múnich ha incluido en su prestigiosa selección White Raven la novela «fetiche» de este autor, Cactus del desierto.
Recientemente ha conseguido la medalla de plata al mejor Libro Ilustrado Infantil, en los IPPY Awards 2013 (Independent Publisher Book Awards) por "Cuento de Noche" en su versión en inglés.

El ilustrador: Óscar Villán (Valladolid, 1972 - ):
Estudió Bellas Artes en Pontevedra. Trabaja en Santiago de Compostela ilustrando libros, revistas y carteles.
En 1999 recibió el Premio Nacional de Ilustración.

Argumento:
Había una vez un reloj despertador que no sabía contar, pero lo que es sonar, sabía sonar de maravilla. Un día lo echaron del escaparate de la relojería, y al pobre reloj no le quedó más remedio que encontrar una solución a su falta de precisión.

La Tiza de la Lectura. Leo, leo, que me animo a leer.
Un cuento:
UN RELOJ CON PLUMAS

Había una vez un reloj despertador que vivía en el escaparate de una relojería.
Allí llevaba muchísimo tiempo.
Nadie lo quería comprar porque nunca iba en hora.
¿Y como iba a ir en hora si no sabía contar?

El pobre reloj lo había intentado con todas sus fuerzas.
Imitaba la hora que tenían los demás relojes y marcaba el compás de los segundos con un pie.
Pero como no sabía contar, decía:
“Siete, quince, ocho, veintitrés…”
¿Y nunca llegaba a sesenta!
Así pues, el relojito cambiaba de minuto cuando le parecía bien, unas veces antes…, otras después.

El resultado era que enseguida se despistaba…
O bien se le cansaban las agujas de estar apuntando hacia arriba…
O le picaba en la mejilla junto al número tres, y tenía que rascarse.
Después, nunca se acordaba de qué hora era, y terminaba pasando el día de brazos caídos, marcando con tristeza la hora de la merienda.

Eso sí, sonar se le daba de maravilla.
¿Y sabía tocar sus campanas de varias formas!
A veces movía la cabeza de izquierda a derecha, provocando un gracioso tilín que le habían enseñado las cajitas de música.
Pero ¡otras veces sonaba más que el más sonoro de los relojes!
Daba saltos sin parar.
Triples saltos mortales, como los equilibristas de los circos.
Giraba sobre sí mismo, temblando y retemblando, hasta que se ponía rojo omo un tomate:
“¡Ringgg, ringgg, ringgg…!
 
No se había fabricado un reloj que tocara las campanas como él.
Pero este relojito casi nunca sonaba.
Porque…¿de qué servía sonar a cualquier hora sin saber para qué?

Una tarde gris, el relojero se cansó de verlo en el escaparate.
Abrió la puerta de la relojería y señalando hacia la calle le dijo:

-Vete ahora mismo de mi tienda.
 -Un despertador que nunca va en hora no sirve para nada.

El relojito salió por la puerta muy triste.
Hacía frío, y tan solo llevaba una bufanda.
Comenzó a caminar.
Las lágrimas se escurrían por sus manecillas.

Cuando se estaba poniendo el sol, el reloj se detuvo junto a una farola que acababa de iluminarse.
Le regaló una sonrisa y le dijo:

-Hola señora farola. Nunca voy en hora, porque no sé contar…
¡Pero sueno de lo lindo!
-y movió la cabeza de izquierda a derecha, emitiendo un gracioso tilín-
¿Puedo quedarme con usted para hacer sonar mis campanas cada vez que encienda su luz?
La farola lanzó una carcajada y respondió:
 -¡Pues claro que no!  Todos queréis que os ilumine y brillar a mi costa.
 ¡Lárgate de aquí! Mi luz no necesita de campanas para hacerse notar.

El pequeño reloj se cruzó la bufanda y siguió caminando.

Hacia la madrugada comenzó a llover.
El reloj despertador se acercó a un buzón de correos, le regaló una sonrisa y le dijo:
 -Hola, señor buzón. Nunca voy en hora porque no sé contar…¡Pero sueno de lo lindo!
-y movió la cabeza de izquierda a derecha, emitiendo un gracioso tilín-.
¿puedo quedarme dentro de usted para hacer sonar mis campanas cada vez que alguien eche un sobre en su interior?
 –Lo siento mucho, mi querido amigo. Serías una buena compañía, sin duda…pero ya nadie echa cartas a mi estómago.
Antes me llenaban de cartas hasta arriba…
Ellas se lo pasaban tan bien, hablando y jugando las unas con las otras…
-el buzón se detuvo un momento y suspiró-:
Pero eso era antes. Ahora estoy vacío. Ni una sola carta en tres meses…
No puedo dejar que te quedes conmigo. Aquí nunca harías sonar tus campanas.
No es este tu lugar.
El pequeño reloj se cruzó la bufanda y siguió caminando.
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Fragmento del libro: Un reloj con plumas
Ilustraciones: Óscar Villán
Editorial: MacMillan
Colección: Librosaurio + 6 años
ISBN: 978-84-7942-193-9
Actividades:
  1. ¿Qué regaló el reloj a la farola y al buzón cuando se acercó a ellos?
  2. ¿Por qué creéis que ya nadie echa cartas en el buzón?
  3. Escribe un cuento o un poema cuyo protagonista sea un reloj  acompañado de un dibujo y envíalo al Grupo Leo. Escribid vuestro nombre, apellidos, curso, colegio y nº de teléfono o e-mail:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
o por e-mail a: grupoleoalicante@gmail.com
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grupoleo@terra.com

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