miércoles, 31 de enero de 2018

Los libros del mes de febrero: "Jaque por un reino"


Reseña:
Cuenta literaria y gráficamente la historia de la estrecha amistad que, cuando convivían pacíficamente las culturas cristiana, musulmana y judía, entablaron dos niños bajo los naranjos de la huerta del río Segura: el hijo del rey castellano Fernando III el Santo, que luego sería Alfonso X El Sabio, y Ahmed Ben Hud, que luego sería el rey musulmán de Murcia que cedió esta al vasallaje de Castilla mediante el Tratado de Alcaraz. El ajedrez, prohibido entre los cristianos de aquella época, fue un elemento esencial en la amistad de ambos niños. Y cuando, años después, ambos se encuentran luchando por la posesión del reino de Murcia, deciden librar la batalla por este reino jugando una definitiva partida ajedrez que evite un gran derramamiento de sangre. Una noble partida entre dos rivales que no conseguirá romper la amistad entre ellos. El álbum incluye, además, un cuadernillo didáctico que ayudará a los lectores a distinguir lo que es ficción en el relato de lo que fueron los hechos históricos.

El autor:
Juan Carlos Chacón Cánovas (Zarandona, Murcia, 1972) es licenciado en Psicología y en Criminología por la Universidad de Murcia, Mediador Social en Drogodependencias (Universidad Politécnica de Cartagena), Monitor Deportivo, especialidad Ajedrez, Monitor-Entrenador Regional de ajedrez y Profesor Colaborador Honorario de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia.
Ha desarrollado su labor en numerosos centros educativos como monitor de ajedrez y, como Educador Social de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en la actualidad ejerce su actividad profesional para el Excmo. Ayuntamiento de Murcia.
Es autor del libro El gran ajedrez para pequeños ajedrecistas (Región de Murcia, Consejería de Educación, Formación y Empleo, 2012) y coautor de Victimología forense (Editorial de Estudios Victimales, 2010).

La ilustradora:

Francisca Fe Montoya Hernández no concibe su vida sin el arte. Esta calasparreña residente en Zarandona (Murcia) compagina las dos pasiones de su vida, su trabajo como docente y la pintura. Francisca estudió Magisterio en la Universidad de Murcia. Consiguió el Premio extraordinario fin de carrera, que le condujo a una plaza directa de maestra, facilitándole así dedicarse a la pintura en sus ratos libres. Poder pintar “desde la libertad absoluta” es para ella una de las claves en su vida. Ha expuesto sus obras en numerosas salas y ha ilustrado numerosos libros de Pascual García (su marido), Concha Miralles o José Cantabella.

VERANO EN MONTEAGUDO

Alfonso era un niño despierto, inquieto y jovial. Pero a la vez reflexivo y no como los antiguos niños duros castellanos de aquellos entonces.
No paraba de preguntar “¿por qué esto?”, “¿por qué aquello?”, “¿para qué sirve esa cosa?”, “¿para qué hacemos tal faena o tal otra?” … Y así se pasaba el día.
Había salido “clavadito a su madre”, decían en la corte, aunque su madre no era de tierras castellanas sino que procedía de un lugar muy lejano, conocido como Suabia, que estaba en tierras bávaras o, actualmente, Alemania.
Beatriz, como se llamaba la madre de Alfonso, chapurreaba un raro idioma castellano, en el que había sido educada desde pequeña allá en su país. Le había costado adaptarse al austero y seco modo de vida del reino de su marido, el rey Fernando III de castilla. Pero curioseó, cuestionó y preguntó por todos lados hasta crear en torno a sí una aureola de persona despierta, intelectual y penetrante, cosa poco usual en damas de su época.
El infante Alfonso junto a sus hermanos Fadi y Fernando deambulaba siempre alrededor de Palacio haciendo una fechoría tras otra: igual se escapaban a jugar con los niños del pueblo que llevaban a maltraer a sus criados, a los guardias o a los encargados de las caballerizas y establos. Y los ratos de ocio que les dejaban las largas y aburridas lecciones impartidas por los frailes les permitían pasar ajenos a las guerras y calamidades que acaecían entonces.
Corría la primavera del año 1229 cuando la joven e inquieta reina Beatriz, cansada de sufrir año tras año el clima de las inhóspitas tierras de Castilla e instigada por su consejero David Hortal, propuso a su querido esposo pasar la ya cercana época estival en el lugar de origen de David, un reino en poder de los árabes, al que llamaban Murcia, de cuya riqueza natural y de las amables gentes que lo poblaban tanto había oído hablar a David.
Y el rey Fernando accedió al comprobar que la zona gozaba en aquel momento de una armoniosa convivencia entre musulmanes y castellanos, lo que enriquecería a sus hijos que verían de cerca la coexistencia y tolerancia que allí se daba entre las culturas árabe, cristiana y judía.
Solo impuso una condición a Beatriz: que tenían que viajar bajo una identidad secreta para viajar inadvertidos y no levantar sospechas de su linaje real. Y mientras, durante los meses de verano que su familia pasara en la zona levantina, él se encargaría del reino y de sus responsabilidades de monarca en la capital: sería duro para él, pero siempre velaba por el bien de su familia.
Tras un tedioso y cansado viaje, la comitiva, con David a la cabeza, llegó por fin a una villa que el mismo David poseía en los alrededores de la ciudad de Murcia, en un lugar llamado Monte Agudo o Monteagudo.
Al principio levantaron un poco de revuelo en el pueblo situado en una zona estratégica a los pies de varios castillos habitados por nobles musulmanes del emirato al que pertenecían.
Era el mes de junio y ya iba entrando el calor, pero allí se respiraba un ambiente húmedo entre los árboles frutales, los pinos de los caminos y la gran extensión de huertas surcadas por unas canalizaciones que los árabes llamaban acequias, encargadas de regar y dar vida al territorio.
Como buen judío, David debía su apellido, Hortal, al oficio tradicional de la familia: la huerta, que él conocía como la palma de su mano. Así que dedicó gran parte del verano a enseñar a Beatriz y a sus cinco hijos e hijas las labores y menesteres de la huerta, el regadío, la limpieza del terreno, los utensilios de trabajo y los aparejos de los animales.
Pero otros muchos ratos los pasaba bañándose en las pozas, acequias y regueras que refrescaban los largos y calurosos días de verano. Sin embargo, Alfonso, ansioso por conocer todo el entorno y el modo de vida de las gentes que allí habitaban, no dudaba en escapar de los ojos de su madre, hermanos y criados, para investigar los castillos que tanto lo atraían y que le evocaban tantas historias en su imaginación.
Una tarde, mientras todos dormían la siesta, Alfonso salió a hurtadillas de la casa y, agazapándose entre los naranjos, empezó a observar los movimientos entorno a la fortificación, conocida como Castillejo, que se levantaba en la falda de la montaña. Era la residencia de verano del emir, desde donde se vigilaban los movimientos de la población.
Alfonso no se percató de que una pequeña mano se posaba desde detrás sobre su hombro. Hasta que oyó:
-Hola, ¿cómo te llamas? –le preguntó un chiquillo de edad similar a la suya al que Alfonso vio al girarse sorprendido-. Mi nombre es Ahmed.
Asaltado por lo inesperado. Alfonso quedó un momento en silencio. Aunque reaccionó rápidamente con el desparpajo del que siempre hacía gala.
-Me llamo Alfonso y estoy aquí de vacaciones con mi familia. Hemos venido a conocer esta tierra, pero ya llevamos dos semanas por aquí y he salido a investigar por mi cuenta. ¿Vienes conmigo?
A lo que Ahmed contestó:
-Yo también estoy aquí de paso: mi padre me ha traído con él desde Córdoba y también estoy muy aburrido. Pero me he traído un juego que practicamos mucho en mi palacio. Si quieres te puedo enseñar. No sé si tú lo conocerás. Nosotros lo llamamos shatranj y es muy complicado, aunque bastante divertido.

Extraído del capítulo 1º de: Jaquepor un reino
Ilustrador: Francisca-Fe Montoya Hernández
Editorial: Aguaclara
 
ACTIVIDADES:
1.- Busca información sobre Monteagudo, el lugar donde fueron a pasar el verano Alfonso y su familia.
2.- ¿En qué siglo y época histórica transcurre el cuento?
3.- ¿En qué consistirá el juego que Ahmed llama shatranj? A ver si lo acertáis y si no, buscad información sobre el nombre con que nosotros conocemos este juego.
4.- Escribe un cuento o un poema sobre unos niños que se hacen grandes amigos durante unas vacaciones veraniegas y envíalo por correo postal con un dibujo indicando tu nombre, apellidos, número de teléfono particular y e-mail de tus padres al:
Concurso Literario del Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante.

2 comentarios:

DIEGO dijo...

Una preciosa presentación del cuento y del libro.Enhorabuena a los artífices.Un cuento que pone de manifiesto que la relación entre pueblos y culturas es la base del desarrollo de las personas. La amistad no tiene banderas ni fronteras. Un cuento que en los momentos actuales podemos aprovechar para trasmitir que el diálogo y la amistad es la base de la Humanidad. La clave para romper fronteras. Diego

Anónimo dijo...

Muchas gracias por lo que me toca. Ésa era la intención al escribirlo.