domingo, 20 de octubre de 2013

Los libros del mes de octubre 2013 del Grupo Leo en La Tiza: "Una terrible palabra de nueve letras"

Los libros del mes del Grupo Leo
en La Tiza

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 16-10-2013
Diario Información de Alicante con el Patrocinio de la Fundación CajaMurcia y COES
Una terrible palabra de nueve letras

El autor: Pedro Mañas Romero (Madrid, 1981 -):
Estudió Filología Inglesa en la Universidad Autónoma de Madrid, donde en 2004 obtuvo el primer premio de Narrativa Corta con el relato "Mi pez, mi pez imaginario y yo". También en la Universidad comienza su relación con el teatro, al que ha dedicado casi todo su tiempo, participando en montajes para niños y adultos. En 2006 funda con otros aficionados la compañía La Cama sin Hacer, donde participa como actor y dramaturgo. En 2007 su libro "Klaus Nowak, limpiador de alcantarillas" recibe el primer premio del XXVI Concurso de Narrativa Infantil Vila d'Ibi.

El ilustrador: Ximena Maier (Madrid, 1975 - ):
Lleva trabajando como ilustradora desde 1999 (o sea, hace siglos) en periódicos, revistas, publicidad y prensa corporativa. 
Además ilustra libros para niños, guías de viaje y libros de cocina. Y no para de dibujar, en cuadernos, trozos de papel, en el iPad, en la arena o en cualquier pizarra que se ponga a tiro. 
Le gusta leer, comer y cocinar, los carteles tipográficos pintados a mano, la edad heroica de la exploración polar, la ópera italiana y los picnics.

Argumento:
Amanda se ha metido en un buen lío por decir una palabra que llegó a sus oídos por casualidad. ¿Por qué los mayores se enfadan con ella solo por eso? Bueno, por eso, y por vender palabrotas a sus compañeros. Tras ser descubierta, acabará en la clase para alumnos con conductas peligrosas. Allí conocerá un poco mejor a Billy, el matón del colegio, reflexionará sobre lo ocurrido y entenderá que quien tiene las palabras tiene el poder.

La Tiza de la Lectura. Leo, leo, que me animo a leer.
Un cuento:
UNA TERRIBLE PALABRA DE NUEVE LETRAS

            El problema es que la persona que me contó esta historia se negó a revelarme la palabra exacta que utilizó la señora Greenwood a continuación. Quizá le pareció demasiado espantosa, quizá no quiso que yo la escuchara o, quizás, simplemente, la había olvidado. He llegado a imaginar cosas terroríficas. El caso es que, después de duras investigaciones, todo lo que he podido averiguar es que se trataba de una palabra de nueve letras. Una terrible palabra de nueve letras: . . . . . . . . .
            Claro que, por muy terrible que fuese la palabra, no se la puede culpar a ella de que la señora Greenwood la pronunciase frente a un micrófono. Tampoco fue culpa suya que un técnico perezoso y distraído pulsase el botón de grabación en el momento equivocado. Y aún menos que aquella frase inesperada fuese a parar a un minúsculo chip electrónico, que siguió tranquilamente su camino hacia la fábrica de la Compañía de Juguetes Mc Millan.
            Casi un mes después, una legión de quinientas muñecas sonrientes avanzaba sobre una cinta mecánica con rumbo a las mejores jugueterías del país. Y, bajo su cabello rubio, su brillante vestido y su sonrisa traviesa, todas ocultaban la misma palabra en su interior. Una terrible palabra de nueve letras.
           
Amanda Banks tenía siete años, dos coletas y nueve lombrices en una caja vieja de bombones llena de tierra húmeda. Se esperaba que, como la señora Greenwood, algún día llegaría también a tener treinta y dos dientes, pero, de momento, un par de huecos negros le daban a su encantadora sonrisa el aspecto de un piano diminuto. Era esa clase de niña que dice cosas como “¿Puedo salir a hacer pis?” y “¿Por qué ella tiene más que yo?”. Quiero decir que era una niña normal. Normal...,  salvo porque no solía decir cosas como “Quiero esa muñeca”.
            ¡Desgraciadamente, también lo dijo!
Amanda tenía dos hermanas, Vera y Marcia. Los señores Banks solían bromear diciendo que solo sabía fabricar niñas. Vera apenas había dejado de ser un bebé, y tenía cientos de juguetes. Marcia casi había dejado de  ser una niña, y tenía cientos de amigos. Amanda estaba en esa edad en la que uno ya ha tenido tiempo de romper un montón de juguetes, pero aún no ha tenido tiempo de hacer un montón de amigos. Quizá por eso deseaba , por su octavo cumpleaños, un juguete que pudiera servirle de amigo.
            Amanda no tenía nada en contra de las muñecas, los osos o los coches de bombero. Nada, excepto que no le parecían auténticos juguetes.
-        ¿Qué significa eso?- preguntó su padre-. No podemos comprarte algo más caro.
-        ¿Tú sabes qué juguetes teníamos nosotros a tu edad?- apostilló su madre.
             Amanda suspiró hacia un lado, haciendo temblar su coleta izquierda. Había escuchado contar a sus padres cientos de veces cómo, de pequeños, ellos mismos fabricaban sus juguetes con cajas de cartón y ruedas de bicicleta viejas. El caso es que ella no se refería al precio del juguete. Se refería a que quería un juguete de verdad.
            Los coches de juguete están bien, pero no pueden llevarte a ninguna parte. Los osos de peluche están bien, pero no son capaces de robar un tarro de miel de la nevera. Las muñecas están bien pero nunca cuentan nada interesante.
            A Amanda Banks le gustaban los juguetes auténticos. Por eso, en cierto modo, sus nueve lombrices resultaban mucho más divertidas que cualquier juguete. Tal vez aún no habían aprendido a salir de la tierra cuando las llamaba, pero eran auténticas.
            Así, el día de su octavo cumpleaños, los Banks cogieron algo de dinero, dos paraguas y toda su paciencia, y acompañaron a su hija mediana a una juguetería cualquiera.
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Ilustraciones: Ximena Maier
Editorial: Anaya
Colección: + 8 años
ISBN: 978-84-678-2943-3
Actividades:
  1. Amanda descubre que el orden de las palabras en una frase puede cambiar el significado de ésta. Por ejemplo, decir que un chico es mono de cara no es lo mismo que decir cara de mono. ¿Sabrías decirnos pares de frases de este tipo?
  2. La palabra responsable de los problemas de Amanda tiene nueve letras. ¿Conoces palabras con el mismo número de letras? Escribe algunas y cámbialas con tus compañeros.
  3. Escribe un cuento o poema donde aparezca alguna de esas palabras y envíalo acompañado de un dibujo original al Grupo Leo. Escribid vuestro nombre, apellidos, curso, colegio y nº de teléfono o e-mail:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
o por e-mail a: grupoleoalicante@gmail.com
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grupoleo@terra.com

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