Victoria y Pablo, estudiantes de 3º de la ESO del IES Gran Vía de Alicante, nos presentan dos historias de misterio y ciencia ficción donde brujas, hechizos, planetas y seres desconocidos nos harán reflexionar sobre algunos aspectos de la condición humana. Y es que toda historia, aunque sea de ficción, encierra algo de lo que somos o de lo que podemos llegar a ser.
NOLIB
Nací en Nolib en el año 3670, tal y como
se contaban los años en La Tierra. Ahora tengo 17 años y lo único que sé de nuestro
anterior planeta es lo que nuestro bisabuelo nos dejó escrito saltándose las
normas de nuestro gobierno, porque no nos enseñan más que los errores que
cometimos, pero nada de las maravillosas vidas de las historias que ahí se
vivieron.
Mi nombre es Leroy y mis padres murieron
cuando yo tenía 2 años en un incendio. A esa edad me adoptó una limpiadora de
Aternia, empresa que tiene bajo su poder la mayoría de los negocios de la parte
alta de la ciudad. A pesar de hacerse cargo de mí no sabía demostrarme cariño
pues se trataba de una persona fría que nunca había recibido el mismo. Ella me
enseñó todo lo que necesitaba para sobrevivir y a los 10 años me echó de casa.
Rápidamente aprendí a moverme en la parte baja de la ciudad, conseguía lo imprescindible
robando o estafando y esta mala vida me llevó a muchas peleas, gracias a lo que
aprendí a defenderme.
Soy de los pocos humanos que han nacido
con la fuerza suficiente para poder aguantar la fuerza de la gravedad que hay
en Nolib, el resto deben usar trajes que les permiten vivir sin ser aplastados.
Debido a esta gravedad suelen caer meteoritos, por lo que se construyó una
cúpula que protegía a la ciudad de ellos. Esta funcionaba con campos
gravitatorios y, cuando los detectaba mediante nanotecnología, los rechazaba
lanzándolos a terrenos no habitados.
Hace dos años cayó un asteroide más
grande y luminoso de lo habitual y por primera vez me decidí a salir de la
cúpula. Siempre me había invadido la curiosidad por cómo serían los paisajes o
animales del exterior y, al ver esa luz, me armé de valor y establecí un plan
para burlar a los guardias. Conseguí atravesar la barrera escondido en los
bajos de la nave con la que los operarios de Aternia salían a por materiales
para la fábrica de tecnología.
Veía desde mi escondite de la nave un paisaje seco y árido como un enorme desierto. Se veían más variedad de biomas, pero el meteorito estaba en este y era lo que había ido a buscar. Cuando los operarios bajaron para extraer los minerales de la mina, pude salir del escondite y me dirigí donde me pareció que cayó la luminosa piedra. No sé el tiempo que estuve andando, pero por fin vi un brillo parecido al del asteroide, aunque un poco menos intenso. Al aproximarme creí ver una sombra moverse y, pensando que era un operario, me escondí tras una roca cercana. Estaba ya a unos pasos del asteroide y desde ahí observé que este tenía una especie de puerta. De repente, empecé a escuchar minigruñidos y patitas moviéndose, esto hizo que no me atreviese a salir de detrás de la roca y, cuando aún pensaba si era bueno ir o no, noté uno de estos gruñidos en mi espalda. Me giré para ver a un ser que se parecía a una araña, aunque sus patas eran más puntiagudas y afiladas. Su cuerpo tenía una forma rocosa y su boca un rombo que nacía desde lo que supongo que era su estómago; con dos ojos a cada lado de la boca me miraba intensamente y con un fuerte y repentino gruñido hizo que de repente me sobrevolasen otros seres que se asemejaban a mosquitos gigantes. Sin tiempo de reacción, se abalanzaron sobre mí golpeándome y dejándome inconsciente.
Desperté rodeado de unas estructuras más
avanzadas que las de nuestra ciudad. Llevaba una especie de casco y estaba
atado a una silla. Mi sorpresa fue que entendía los gruñidos, eran su idioma,
sus palabras se traducían en mi cabeza, así me comunicaron que querían saber cómo
éramos los humanos para decidir cómo invadirnos. Durante un par de días
estuvieron amenazándome con torturarme y, antes de que lo hicieran, accedí a
contarles todo lo que sabía. A medida que les contaba nuestro modo de vida,
descubrí que no tardaríamos en acabar con los recursos de Nolib tal y como pasó
con La Tierra.
Estos seres, a los que llamo lorgrocs,
se alimentan de las partículas del aire, apenas crean residuos, se organizan y
viven respetando el planeta donde residen y por supuesto, se respetan y son
justos entre ellos. No han creado armas de destrucción masiva, a pesar de tener
unos grandes avances tecnológicos, y lo más importante es que en su
organización social no existen clases que abusen de otras, no hay poderes que impongan a la fuerza y con
el miedo sus criterios, cada cual tiene su cometido en la sociedad y lo llevan
a cabo con gusto y alegría. Por todos estos motivos, no solo les conté todo lo
que sabía para poder acabar con los humanos, sino que me uní a su causa porque
era la única manera de proteger el planeta donde había nacido. Quién sabe…
puede ser que durante esta invasión algunos humanos que piensen como yo se unan
a nosotros.
Pablo Caballero, 3º ESO D
Érase una niña que se llamaba Teresa.
Teresa vivía en un castillo junto con su padre, el rey de Gaviola, y su madre,
la reina de Gaviola. El pueblo de Gaviola era una de las maravillas del mundo
del siglo XIX. Sus habitantes se consideraban las personas más felices del
mundo. Su pelo rojo era una de las cosas que los caracterizaba. Sus ojos azules
eran del mismo color que el mar que los rodeaba.
Sin embargo, Teresa tenía el pelo negro
y los ojos color café. Nadie del pueblo sabía cuál era la razón por la que
Teresa era diferente, pero a nadie le importaba que ella fuese así. Teresa, en
cambio, se sentía como la oveja negra, fuera de lugar. No importaba las veces
que sus padres le decían que la querían como era. Teresa sentía que no merecía
ese amor porque era diferente al resto.
En lo alto de la montaña, en una cabaña
olvidada, vivía una bruja. Todos le decían “mantente lejos de ella”, ya que
para ella todo tenía un precio muy alto.
Un día Teresa fue a visitarla. Antes de
entrar en su cabaña se lo pensó dos veces, pero decidió entrar. Dentro de la
cabaña hacía calor. La chimenea estaba encendida y la vieja bruja estaba
sentada en su sillón.
— Necesito su ayuda —dijo Teresa
esperando una respuesta.
— Dime, hija mía, ¿qué te preocupa? —le
contestó la bruja.
Teresa le explicó todo lo que le
preocupaba.
— ¿Podrías cambiarme el color del pelo y
el color de mis ojos? —le preguntó.
La bruja obviamente aceptó y le dijo que, a cambio de sus esfuerzos, Teresa le debía un favor.
Pasaron catorce días desde el cambio de
Teresa. Todos querían saber cómo lo había hecho, pero nadie preguntó.
Una mañana cualquiera, cuando el mar
estaba tranquilo y el sol brillaba levemente, a Teresa le llegó una carta.
“Teresa:
Ya es hora de que pagues por mis
servicios. Lo que quiero lo harás, aunque difícil te parezca. A tus padres
matarás para yo poder ser reina. Todos delante de mí se arrodillarán y me
servirán de por vida. Recuerda, tienes hasta la medianoche”.
Teresa no se creyó nada de lo que ponía
en la carta. ¿Qué iba a pasar? Las amenazas de una vieja no le daban miedo. A
las diez se fue a dormir, sin miedo, sin nervios.
Al día siguiente despertó sintiéndose
demasiado ligera. Se miró en el espejo y se asustó. Todo su cuerpo era
transparente, se acercó a su cama y vio caer su cuerpo inconsciente. No le
había pagado a la bruja y la justicia se la llevó.
Durante el día vio a sus familiares
llorar su muerte. El pueblo estaba devastado. No hacía sol, la gente estaba
triste, apagada. Y entonces se preguntó: ¿Valía la pena sacrificar su vida para
ser igual que los demás?
Victoria Lupaeva, 3ºESO D
ACTIVIDAD
Escribe un cuento o poema
con dibujo y envíalo por email a:
No olvides poner tu nombre y
apellidos, curso y colegio. Será
publicado en nuestro BLOG y en el suplemento La Tiza del Periódico Información.

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