miércoles, 15 de marzo de 2017

Los libros del mes: "El hombre que plantaba árboles"



Reseña:
La historia comienza en el año 1910, cuando un joven está llevando a cabo una excursión en solitario a través de la Provenza, Francia, cerca de los Alpes, disfrutando de la naturaleza relativamente intacta.
Se queda sin agua en un valle sin árboles, desolado, donde sólo crece lavanda silvestre y no hay rastro de la civilización, excepto por un pueblo desolado y desmoronado. Encuentra sólo un arroyo seco, pero es salvado por un pastor de mediana edad que le lleva a una fuente que conoce.
Siente curiosidad por este hombre y el por qué ha elegido una vida solitaria, y por ello el narrador se queda con él por un tiempo. El pastor, tras quedar viudo, decidió restaurar el paisaje en ruinas del valle por sí solo, cultivando un bosque completo, árbol por árbol. El pastor, Eleazar Bouffier, hace agujeros en el suelo con su bastón y deja caer en los agujeros las bellotas que ha logrado reunir.
En 1920, traumatizado por la guerra, el hombre vuelve. Se sorprende al ver árboles jóvenes de todas las formas echando raíces en el valle, y nuevas fuentes correr a través de él. Se sorprende de la paz y la belleza del valle, y continúa visitando a Bouffier cada año. Bouffier ya no es un pastor, porque se preocupa de que las ovejas afectaran sus árboles jóvenes, y se ha convertido en un apicultor en su lugar.
Durante más de cuatro décadas, Bouffier continúa plantando árboles, y el valle se convierte en una especie de Jardín del Edén. Al final de la historia, el valle es vibrante de vida, reiterada pacíficamente. El valle recibe protección oficial después de la Primera Guerra Mundial. (las autoridades creen erróneamente que el rápido crecimiento de este bosque es un fenómeno natural extraño, ya que no son conscientes de las obras altruistas de Bouffier), y más de 10.000 personas se trasladan allí, todos ellos sin saber que deben su felicidad a Bouffier.

El autor:
Jean Giono (Manosque, 30 de marzo de 1895 - 9 de octubre de1970) fue un escritor francés, cuya obra novelesca se desarrolla en gran parte en el ámbito campesino de Provenza. De origen humilde, hijo de un zapatero y una lavandera, sólo pudo estudiar en el colegio de Manosque hasta 1911. A partir de este año comenzó a trabajar como modesto empleado de banca y completó su formación leyendo a Homero, Virgilio, Dante, Cervantes, Shakespeare, Baudelaire, Stendhal y Flaubert. A los diecinueve años fue reclutado por el ejército francés y se vio obligado a dejar su pueblo y luchar en la Primera Guerra Mundial.
Inspirada por su imaginación y asimismo con su visión de la Grecia antigua, describe la condición humana frente a los problemas de la moral y la metafísica, con lo que logra una relevancia universal: Jean Giono no es sólo el escritor regionalista como se pudiera creer. Autodidacta, se mantuvo al margen de las corrientes literarias de su tiempo. Pero visitó al escritor de los pueblos suizos Ramuz, y fue amigo de Lucien Jacques, de André Gide y de Jean Guéhenno. Ya en vida fue considerado como uno de los escritores más grandes del siglo XX por autoridades como André Malraux y Henri Peyre. Tradujo Moby-Dick, de Herman Melville en 1940.

EL HOMBRE QUE PLANTABA ÁRBOLES

Hace unos cuarenta años, realicé una larga marcha a pie, a través de montañas, totalmente desconocidas para los turistas, por esa antigua región de los Alpes que se adentra en La Provenza. ...
Cuando comencé mi andadura por aquellos desiertos de páramos desnudos y monótonos, a unos 1200 o 1300 metros de altitud, en ellos solo crecían las lavandas silvestres. Iba yo atravesando la región por su parte más ancha, pero, después de tres días de marcha, me encontré experimentando una desolación que antes no había conocido: acampado junto al esqueleto de un caserío abandonado, no me quedaba agua desde el día anterior y en aquel momento, ya necesitaba encontrarla con urgencia. Cinco o seis casas sin techumbre, roídas por el viento y la lluvia, y una ermita con su campanario derrumbado se levantaban como si estuvieran habitadas, pero en ellas no quedaba ni rastro de vida.
Estas ruinas amontonadas de cualquier manera como un panal de avispas abandonado, me hicieron pensar que allí tuvo que haber, en su día, una fuente o un pozo. Y había una fuente, si, pero estaba seca. ...
Después de caminar cinco horas, seguí sin hallar agua y no tenía esperanza alguna de encontrarla: todo, por todas partes, estaba igual de seco, y las pocas plantas que quedaban se habían convertido en leñosas. Entonces me pareció percibir, en la lejanía, una pequeña silueta negra, de pie. La tomé por el tronco de un árbol solitario y, fuera lo que fuese, me dirigí hacia ella. Era un pastor. Una treintena de ovejas, recostadas sobre la tierra que ardía, descansaban cerca de él. ...
El pastor no fumaba, pero buscó una pequeña bolsa, la abocó sobre la mesa y esparció sobre ésta un montón de bellotas. Entonces empezó a examinar sus bellotas de una en una, con muchísimo cuidado y a separar las buenas de las malas. ...
Cuando en el montón de bellotas sanas, hubo una buena cantidad, empezó a agruparlas de diez en diez y, al hacer esto, fue eliminando de paso las muy pequeñas o las que presentaban alguna fisura o defecto que él solo percibía ahora, al examinarlas más de cerca.
Llegado al lugar elegido, clavó su varilla de hierro en la tierra y, de ese modo, hizo un hoyo, dentro del cual colocó una bellota; luego volvió a tapar el agujero: plantaba árboles.
… Así con el mayor de los cuidados aquella mañana dejó plantadas sus cien semillas. ...
Desde hacía tres años, plantaba árboles en aquella soledad. Llevaba plantados cien mil.
… Cuando la guerra terminó, cobré una prima de desmovilización muy pequeña, pero tenía unas ganas muy grandes de respirar aire puro. Y así fue como, cuando vine a darme cuenta, ya había emprendido por segunda vez el camino hacia los altos páramos, desnudos y monótonos.
El paisaje no había cambiado. No obstante, más allá del esqueleto del pueblo, percibí a lo lejos una especie de neblina gris que tapizaba las cumbres como una alfombra. Llevaba pensando en el pastor que plantaba árboles desde el día anterior: “Diez mil robles”, me decía a mí mismo, “tienen que ocupar una extensión muy grande”.
He aquí el texto de la carta que Giono escribió al director del Departamento de Aguas y Bosques, el señor Valderyon, en 1957 haciendo referencia a esta novela.
Estimado Señor:
Siento mucho decepcionarlo, pero Eleazar Bouffier es un personaje ficticio. El objetivo de su historia es conseguir que los árboles nos gusten a todos, o, con mayor precisión, que a todos nos guste plantar árboles (lo que, al fin y al cabo, es una de mis ideas más preciadas). Y si lo que se quiere tener en cuenta es el resultado, el objetivo es obtener el mismo que nuestro imaginario personaje . El texto que usted ha leído en "Trees and life" (Árboles y vida) ha sido traducido al danés, finés, sueco, noruego, inglés, alemán, ruso, checoslovaco, húngaro, español, italiano, yidish y polaco. Cedo mis derechos gratuitamente para todas las reproducciones. Un americano me ha buscado recientemente para solicitarme autorización para una tirada de 100000 ejemplares del texto que van a ser repartidos gratuitamente en América (algo que he aceptado conscientemente). La Universidad de Zagreb ha hecho una traducción al serbio. De todos los textos que he escrito este es uno de los que me siento más orgulloso, porque cumple  la función para la que fue escrito. Dicho sea de paso, esta historia no me aporta ni un céntimo.
Si a usted le es posible, me encantaría que pudiéramos reunirnos para hablar precisamente de la utilización práctica de este texto. Considero que ya es tiempo de que hagamos una política favorable al árbol, a pesar de que la palabra política no parezca demasiado apropiada.
Muy cordialmente,
Jean Giono

Tomado del libro: El hombre que plantaba árboles
Autor: Jean Giono
Traducido por: Luis Bonmatí
Editorial: Aguaclara

El título todavía no está disponible en la página web de la editorial, por eso no lo enlazamos con ella, pero podéis encontrarlo en otras webs de venta de libros.
ACTIVIDADES:
1. El 3 de marzo fue el Día mundial de la naturaleza aunque cualquier día es el ideal para pensar en nuestro medio ambiente. ¿Qué cosas se te ocurren que pueden ayudar a cuidarlo?
2. Como actividad de colegio y familias puedes plantear el realizar una jornada de cuidado del entorno del cole. Verás que bien lo pasáis.
3. Escribe una historia sobre un mundo libre de toda contaminación.

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