sábado, 1 de diciembre de 2012

Los libros del mes de noviembre 2012 del Grupo Leo en La Tiza: "Cuentos mexicanos para niños"

Los libros del mes de noviembre 2012 del Grupo Leo
en La Tiza

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 28-11-2012
Diario Información de Alicante con el Patrocinio de la Fundación CajaMurcia y COES

Cuentos mexicanos para niños

La Autora: Pascuala Corona (México, 1917 - ):

Pascuala Corona, pseudonimo de Maria Teresa Castello Iturbide.
Nació en la ciudad de México, el 21 de marzo de 1917. Narradora y recopiladora de relatos mexicanos populares. Eligió el seudónimo “Pascuala Corona” en honor a su nana, de origen michoacano, quien le contó cuentos cuando era niña. Estudió en la Escuela Nacional de Arte La Esmeralda. Ha ilustrado muchos de sus libros. Premio de Cuento Infantil Juan de la Cabada 2010 en reconocimiento a su trayectoria. Premio Antoniorrobles 1993 por El morralito de ocelote. Premio White Ravens 1987 por Tres colorantes prehispánicos. Premio Bellas Artes para Cuento Infantil Juan de la Cabada 2010
Comenzó a trabajar con los niños en 1935 y se mantiene activa como escritora de relatos para los lectores infantiles. Originalmente su labor era de maestra. En este quehacer descubrió la virtud que tenían los cuentos para despertar el interés de sus discípulos, así que se abocó al rescate y adaptación de las tradiciones orales, que durante generaciones habían servido para entretener a la chiquillería mexicana. Ha publicado cuentos como "La maceta de albahaca", "Sangalote", "El morralito de ocelote", "Tres piñatas mágicas" y "El pozo de los ratones". Cuando recibió su reconocimiento, doña Teresa Castelló Yturbide declaró: "Adoro a los niños; los niños mexicanos deben conservar nuestras tradiciones, y por ello he recorrido México, para ayudar a conservarlas".

Otro cuento de Pascuala Corona:
Sangalote
Había una vez un barrendero que se llamaba Sangalote, de esos que barren las calles con unas escobas muy largas; pero Sangalote tenía un defecto muy feo: creía siempre tener l razón y por lo tanto era muy terco.
Un día barriendo, barriendo, se encontró un tlaco y se puso a pensar en alta voz, diciendo:
- ¿Que compraré? Si compro pan, se me desmorona; si compro queso, me lo comen las ratas; si compro azúcar, se me acaba; compraré garbanzos. Y compró garbanzos.
Al día siguiente se fue a trabajar. Llegó a una casa, tocó y cuando le abrieron, dijo:
- Buena señora. ¿Quiere que le barra su calle?
- ¡Como no señor, bárrala usted!
- Bueno, estabien -dijo Sangalote-, pero ¿y dónde dejo mis garbanzos?
- Alli déjelos en el corral -le cotestó la señora- y Sangalote se fue a barrer y barre que barre, se le acabó el día.
Cual no sería su sorpresa cuando al ir por sus garbanzos, se halló la bolsa vacía, porque un gallo de los había comido.
Entonces Sangalote llamó a la señora y le dijo:
- !O mis garbanzos, o mi gallo; o mi gallo o mis garbanzos!
Y la señora por tanto no alegar le dio el gallo. Y allí va Sangalote muy contento con su gallo. Todos los días se despertaba con su alegre ki ki ri ki y hasta a su trabajo lo llevaba.
Un día llegó a casa de otra señora y le dijo:
- ¿Quiere que le barra su calle?
- Sí señor, bárrala usted -contesto la señora.
- Bueno, esta bien -dijo Sangalote-, pero ¿donde dejo a mi gallo?
- Déjelo en la caballeriza -le dijo la señora.
Sangalote se puso a barrer y barriendo se le acabó el día.
Entonces se presentó por su gallo, pero no encontró mas que las plumas, pues el gallo quiso comerse la cebada del caballo, el caballo se enojó y lo mató de una patada.
Sangalote llamó a la señora y le dijo:
- O mi gallo o mi caballo; o mi caballo o mi gallo.
Y la señora por tanto no alegar, le dio el caballo.
Sangalote se fue muy contento, pero como era pobre, tuvo que seguir barriendo, y así fue como un día con otro llegó a casa de otra señora y le pregunto si queria que le barriera su calle.
- Sí señor, bárrala usted -le dijo la señora.
- Bueno, esta bien -dijo Sangalote-, pero ¿y dónde dejo al caballo?
- Allí dejelo en el establo -le contestó la señora.
Y así lo hizo Sangalote y se fue a barrer. Y barre que barre se le acabó el día.
Cuando fue por su caballo se lo encontro con las tripas de fuera porque el caballo quiso comerse la pastura de toro; el toro se enojó y le encajó los cuernos. Sangalote, muy decidido, llamó a la señra y le dijo:
- O mi caballo o mi toro; o mi toro o mi caballo.
Y la señora, por tanto no alegar, le dio el toro.
Pero a pesar de ser dueño de un toro, Sangalote tuvo que seguir barriendo y un dia con otro llegó a casa de una señora que tenía una niña muy desobediente.
- Buena señora -le dijo Sangalote-. ¿Quiere que le barra su calle?
- Sí señor, bárrala usted -le contesto la señora.
- Bueno, está bien -dijo Sangalote-, pero ¿y dónde dejo al toro?
- Déjelo en el jardín -le dijo la señora-, pero amárrelo bien de un árbol, pues como el jardín no esta bardeado, si lo deja suelto se podría escapar.
Así lo hizo Sangalote y despues de fue a barrer.
El toro comenzó a mugir y la niña le dijo a su madre:
- Mamacita, el toro ha de tener sed, pues se esta quejando mucho.
- No le hagas caso -le dijo la madre-, ya sabra el barrendero que hacer con él cuando lo oiga mugir. Cuidado y se te vaya a ocurrir llevarlo a beber a la fuente; piensa que iene muchas fuerzas y que se podría escapar.
La niña sin contestarle se fue al jardín pensando: ¡Que se me ha de escapar! Son ideas de mamá.
Y así pensando llegó al árbol, desató al toro y lo llevó a la fuente.
Pero sucedió que en cuanto el toro se sintió libre, echó a correr, saltó las trancas y se perdió detras de la loma.
La niña, muy asustada, se metió a la casa y sin decirle nada a su mamá, se escondió debajo de su cama.
Barre que barre se le acabó a Sangalote el día y cuando fue a recoger su toro y no lo encontró, llamó a la señora y le dijo:
- O mi toro o mi niña; o mi niña o mi toro.
Y como la señora no tenía con qué pagarle el toro, sacó a la niña desobediente de debajo de la cama y con todo el dolor de su corazón, se la entregó a Sangalote, que muy contento, la echó al costal de la basura y cargó con ella.
- Ahora sí -se decía-, ya tengo quién me haga la comida, quién me remiende los calcetines, quién me ayude a barrer; Y diciendo, se encontró a un indito que vendía guitarras.
- ¿Que haría yo para comprarme una jarana? ¡Lástima que no traigo dinero!
Y diciendo y pensando cómo haría, le dijo al indio que lo esperara mientras entraba a una panadería a ver si le daban trabajo y así podía comprarle la jarana.
Los panaderos aceptaron que les barriera Sangalote la calle; entonces éste les preguntó dónde podía dejar su costal mientras barría. Los panaderos le contestaron que en l bodega.
La niña comenzó a gritar; los panaderos al abrir el costal se encontraron a la niña quien les contó lo que había pasado, prometió no volver a ser desobediente y corrió para su casa.
Los panaderos llenaron el costal de animales ponzoñosos.
Cuando Sangalote acabó de barrer recogió su costal y se lo echó al hombro. De repende sintió que le mordian la espalda, y gritó:
¡Arre niña, no muerdas!
Cansado, se sentó debajo de un árbol, puso junto a su costal, cogió su guitarra y se puso a tocar, y al tiempo que tocaba cantó:
De mi tlaco, mis garbanzos, 
de mis garbanzos, mi gallo, 
de mi gallo, mi caballo, 
de mi caballo, mi toro, 
y de mi toro, mi muchachita, 
mi pan y queso y mi jaranita. 
¡Sal niña hermosa! 
Y abrió el costal y salieron todos los animales y se lo comieron. 
Y el cuento de Sangalote, como se los cuento yo, 
Por una oreja me entró y por otra me salió.

El Ilustrador: Gabriel Pacheco (México DF, 1973 - ):
Graduado en Escenografía por la Escuela Nacional de Teatro del INBA, en México.
Su poesía visual ha sido reconocida en diversos certámenes internacionales. Así, en 2009, recibió por Hago de voz un cuerpo, editado por Fondo de Cultura Económica, la Mención Especial en la categoría New Horizons de los Bologna Ragazzi Award. El Consejo de Diseñadores de México le concedió la Mención de Plata de los Premios Quórum por este mismo libro, que ha sido incluido en el prestigioso catálogo 50 books/50 covers del American Institute of Graphic Arts y considerado como uno de Los mejores libros para niños y jóvenes de 2008 del Banco del Libro de Venezuela.
Con L’uomo d’acqua (ZOOlibri), resultó finalista del Concurso CJ de Ilustración, convocado por la fundación cultural CJ de Corea del Sur en el marco de la Primera Feria CJ de Álbum Ilustrado, con el apoyo del Ministerio de Cultura coreano.
También ha sido seleccionado, entre otros, en la Feria de Bolonia (2007 y 2008), Ilustrarte 2007 (Portugal), IV Exhibición Internacional de Ilustración infantil ‘I Colore del Sacro’ del Museo Diocesano de Padova (Italia) y el Blue Book Group (Irán).
Entre otros trabajos actuales, Pacheco está ilustrando para Siruela las cubiertas de los libros que Jordi Serra i Fabra, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, publica con esta editorial, como Trilogía de las tierras, obra pionera y ya clásica de la ciencia ficción en España.

Argumento:
Hadas, reyes, hechiceras, príncipes y dragones habitan los Cuentos mexicanos para niños, de Pascuala Corona, doce historias aderezadas con encantamientos, enamoramientos y el lenguaje propio de la tradición oral de México. Las peripecias los personajes se complementan con las ilustraciones de Gabriel Pacheco en un diálogo que se expande como una noche sempiterna de historias alrededor del fogón.

La Tiza de la Lectura. Leo, leo, que me animo a leer.
Un cuento:
La maceta de albahaca

Érase una vez un zapatero muy pobre que vivía frente a palacio y que tenía  tres hijas.
Las niñas tenían una maceta de albahaca en la ventana y salían a regarla un día cada una; todas las tres eran muy hermosas y un día que el Rey salió al balcón vio a la mayor regando la maceta y le dijo:
Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca
¿cuántas hojitas tiene la mata?
La niña, mortificada de que el rey le hablara y no sabiendo qué contestarle, cerró la ventana.
Al día siguiente le tocó regar la maceta a la segunda niña. El Rey salió al balcón como el día anterior y le dijo:
Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca
¿cuántas hojitas tiene la mata?
La niña azorada de que el Rey le hablara, mejor  se hizo la sorda y se metió.
Al tercer día salió la niña menor a regar la maceta y el Rey, que ya estaba en el balcón, luego la vio y le dijo:
Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca
¿cuántas hojitas tiene la mata?
Y la niña que se pasaba de lista, le contestó:
Sacra Real Majestad, mi Rey y Señor
Usted que está en su balcón
¿cuántos rayos tiene el sol?
El Rey se quedó sorprendido de la contestación de la niña y avergonzado de no poderle contestar se metió corriendo y después de pensar y pensar se le ocurrió que como la niña era muy pobre le convenía mandar a un negro que le paseara la calle gritando que cambiaba uvas por besos.
La niña que nada se imaginaba tan luego como oyó al negro salió a su encuentro y le dio el beso que pedía a cambio de las uvas. A la mañana siguiente  que salió a la ventana a regar la maceta, el rey ya estaba en el balcón y luego que la vio le dijo:
Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca
tú que le diste el beso a mi negro
¿cuántas hojitas tiene la mata?
A  la pobre niña le dio tanto coraje que cerró la ventana  y se metió decidida a no volver a regar la maceta.
El rey, que ya estaba acostumbrado a ver a la niña, se enfermó de amor de no verla y su médico de cabecera, viendo que no podía curarlo, mandó llamar a todos los médicos del reino a ver cuál de todos le aliviaba.
Para esto la niña que sólo estaba esperando la ocasión para desquitarse, se disfrazó de médico y fue a palacio llevando del bozalillo un burro macho y llegado que hubo a la presencia del Rey dijo:
- Sacra, Real Majestad, si gusta usted curarse es menester que le bese el rabo a mi burro y que salga mañana al balcón a recibir los primeros rayos del sol.
El rey, con tal de curarse, hizo lo que le recetaba aquel médico, así que después de besar el rabo del macho se acostó a dormir.
A la mañana siguiente, muy tempranito, salió al balcón y la niña, que lo estaba esperando regando la maceta, tan  luego como lo vio le dijo:
Sacra, Real Majestad, mi Rey y Señor
Usted que está en su balcón
Usted que besó el rabo del macho
¿cuántos rayos tiene el sol?
El Rey, dándose cuenta de lo bien que lo había engañado la niña, se metió muy enojado y mandó llamar al zapatero.
Luego que llegó el buen hombre a la presencia del Rey, éste le dijo:
- Vecino zapatero, quiero que a la tres horas del tercer día me traigas a tus tres hijas. A más ordeno que la menor venga: bañada y no bañada; peinada y no peinada; a caballo y no a caballo; y sábete que si no lo cumples penas de la vida.
El pobre zapatero se fue muy triste a su casa y les dijo a sus hijas lo que el rey había dispuesto; a las dos mayores todo se le fue en llorar, en cambio la más chica le dijo:
- No te apures, papacito, ya verás cómo yo lo arreglo todo.
Y así fue: a las tres horas del tercer día se presentó el zapatero en palacio con sus hijas, adelante iban las dos mayores y más atrás la chiquita montada en un borrego con un pie en el aire y otro en el suelo; tiznada de medio lado y el otro bien refregado; media cabeza enmarañada y la otra hasta trenzada.
Viendo el rey que habían acatado sus órdenes, se dio por bien servido y le dijo a la niña:
- En premio a tu astucia puedes llevarte de palacio lo que más te guste.
Y después de decir esto se fue el rey a dormir la siesta. La niña, que no esperaba otra cosa ¿ a qué no  se imaginan lo que hizo? Pues mandó llamar a  cuatro pajes y con mucho cuidado se llevó al Rey a su casa.
¡Cuál no sería la sorpresa del rey al despertarse y hallarse en una casa pobre y desconocida !
Lo primero que hizo fue llamar a sus lacayos, a sus pajes, a la guardia, pero en vez de ellos llegó la niña y le dijo:
- Sacra, Real Majestad, mi Rey y Señor, usted fue lo que más me gustó de palacio, por eso me lo traje a mi casa.
El Rey, viendo que con esa niña llevaba siempre las de perder, se casó con ella.
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Fragmento del libro: Cuentos mexicanos para niños
Autora: Pascuala Corona
Ilustrador: Gabriel Pacheco
Colección: +8 años
Actividades:
  1. ¿De qué manera engaña la niña  al rey   cuando éste se  pone enfermo?
  2. Cuando el rey se siente engañado por la niña manda llamar a su padre el zapatero. ¿Qué cosas le exige?
  3. Escribe un cuento sobre un rey que manda a sus tres hijos a un lejano país en busca de una planta  maravillosa que tiene propiedades mágicasEnvíalo, acompañado de un dibujo original, al Concurso Literario Grupo Leo 2013:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
O por Email a:
  • grupoleoalicante@gmail.com
Importante: No olvides escribir tu nombre, curso, centro educativo y teléfono o e-mail de contacto.
...................................................................
grupoleo@terra.es

2 comentarios:

Grupo Leo dijo...

Preciosos cuentos de la vida misma.Diego

Maribel dijo...

Qué bonitos son estos cuentos de la tradición popular, me han encantado, y me parece estupendo que se reúnan en libros para que nunca se pierdan.

Saludos.