Reseña:
Virgilio es un adolescente
que odia leer, pero, para su sorpresa, lee un libro que le causa una estupenda
impresión y decide seguir el consejo que el autor le da durante una charla en
su colegio: leer El Libro. Y en cuanto lo abre, se ve transportado a un mundo
lleno de letras que adoptan miles de formas y crean un paisaje de color, música
y armonía que le subyuga desde el primer instante. Además, guiado por un
peculiar personaje, el alcalde de El Mundo de las letras, descubre el placer de
jugar con las letras: crucigramas, palíndromos, acertijos, etc. Ya de vuelta a
su mundo, la lectura se convierte en su gran pasión.
Recomendado para lectores de 8 a 12 años.
El autor:
Jordi
Sierra i Fabra
nació en Barcelona en 1947. Tras una brillante carrera en el mundo del
periodismo musical, decidió dedicarse de lleno a la literatura.
En 1977 fundó la conocida
revista Super Pop; al año
siguiente quedó finalista
del Premio Planeta de Novela. A partir de ahí se sucederían los
premios: el Premio Ateneo de Sevilla,
el Gran Angular de Literatura
Juvenil y el Premio
Edebé.
Actualmente, se dedica a dar charlas en
colegios e institutos por toda España y a escribir literatura infantil y
juvenil, aunque sin dejar de lado la narrativa para adultos. Además, varias de sus obras han sido adaptadas a la televisión, al cine y al
teatro.
El
ilustrador:
Iván
Castro, ilustrador, diseñador y calígrafo. Todo un referente
dentro del lettering y la caligrafía. Sus letras dibujadas hacen todavía más hermoso
este libro ingenioso y sus ilustraciones hacen que el lector se meta con
ilusión y profundidad en este fabuloso mundo de las letras.
VIRGILIO EN EL
BOSQUE DE LAS LETRAS
Virgilio levantó la
cabeza. Por encima de los matorrales y las flores, justo detrás del siguiente
recodo de la senda, asomaban las ramas de los árboles. Primero no había
entendido por qué se anunciaba con tanto detalle la existencia de un bosque.
Pero después de ver el letrero que tenía a un lado y vislumbrar esas ramas,
fruncía el ceño.
La sorpresa reapareció en su ánimo.
Avanzó unos metros, despacio, sin
fijarse apenas por dónde caminaba, con los ojos puestos en su objetivo. La
sorpresa aumentó, hasta hacerse asombro, cuando dejó el último matorral atrás.
Era un bosque, sí, pero un bosque
formado por…
-¡Ay va!- manifestó boquiabierto.
¿Qué otra cosa podía ser sino? Y por un hueco en la tupida valla arbolada
que le rodeaba, entró en él.
Si aquello era el bosque, ¿cómo
sería el zoológico?
¿Y cómo sería el resto de aquel
mundo?
Paseó entre los árboles. Los pájaros
que jugaban por sus ramas cantaban felices, libres. Unos representaban
claramente una letra, casi era un juego intuir a cuál se parecían otros. Toda
su fuerz
a se manifestaba en la personalidad de cada uno, si es que podía
decirse que un árbol tenía “personalidad”. Flotaba una mágica vida entre ellos,
como si en aquel lugar se uniesen las dos formas más importantes de la esencia
humana, la naturaleza y el saber. El tacto de los árboles era agradable,
rugoso, como el de cualquier árbol, pero también cálido, muy cálido.
Tocándolos, Virgilio tenía la impresión de sentir lo que había en su interior.
Al abrazar al que parecía una R, notaba un suave “rrrrrrrrrrrrrr” en su
corazón, y al acariciar al que semejaba una M, se expandía por su espíritu un
delicado “mmmmm” lleno de evanescentes sonoridades. Hubiera jurado que las
letras, es decir, los árboles, estaban vivos.
Por eso les habló.
-¡Hola!
Los árboles en forma de H, de O, de
L y de A agitaron sus ramas de manera apenas imperceptible.
¿El viento?
- ¿Qué tal?-dijo Virgilio.
Y ahora los que movían las ramas
fueron el B, el I, el E y el N.
Era demasiado. ¡Le estaban
contestando!
- ¿Dónde estoy?
Le costó “leer” la frase entera
porque se movieron muchos, aunque sincronizadamente, uno tras otro.
E.N.
E.L.B.O.S.Q.U.E.D.E.L.A.S.L.E.T.R.A.S
- ¡Ya sé que esto es el Bosque de
las Letras!- manifestó Virgilio. ¡Yo lo que quería saber es dónde estamos, el
bosque y yo!
No hubo respuesta. No supo ni
siquiera si los árboles le observaban a él o se observaban entre sí, caso de
que lo hicieran. Aun en su inmovilidad, la vida que había en ellos se intuía,
era una percepción de lo más real.
Virgilio se acercó a un árbol en
forma de V, aunque se parecía poco a la inicial de su nombre. No se
diferenciaba mucho de la U, por ejemplo. La V era la letra que más le gustaba,
tanto por ser la suya como por representar el símbolo de la victoria cuando se
levanta la mano con los dedos índice y corazón extendidos. Victoria y Paz.
- Hola, V-le dijo.
Al posar la mano sobre él, sintió
que el árbol se estremecía.
En alguna parte había leído que cuando
abrazas a un árbol, te llenas de su energía. No es que se la robes, eso no.
Solo te inundas de ella, porque el árbol está en contacto con la tierra y
además es un ser vivo, el rey de la naturaleza.
Virgilio nunca se había abrazado a
un árbol. Así que lo hizo. Abrazó al árbol V con todas sus fuerzas. Y supo que
era verdad, porque fue como si recibiera la más energética de las corrientes.
La notó saltando por los músculos de su cuerpo igual que si fuera una carrera
de vallas, navegando por su sangre, estallando en su mente y en su corazón,
haciéndole cosquillas en el estómago, erizándole el vello. Jamás se había
sentido de aquella forma.
Al separarse del árbol, de su rama
más alta cayó una gota de resina, suavemente, despacio, casi como si flotara.
Virgilio puso la palma de su mano
abierta y la recogió sin dejarla llegar al suelo. No era una lágrima. Era un
regalo.
- Gracias- le susurró el árbol V.
Una delicada brisa apareció de
repente para agitar las ramas de todos los árboles del bosque. Virgilio cerró
la mano, dejando que la gota de resina se la impregnara, no era pegajosa, sino
más bien suave, como una crema que penetró en su piel.
Autor: Jordi Sierra iFabra
Ilustraciones de: Iván CastroValenzuela
Colección: El Barco de Vapor
Editorial: SM
ACTIVIDADES:
1. El fragmento que
acabas de leer ha sido extraído de una novela cuyo protagonista, Virgilio,
detesta leer pero, tras la lectura de un libro, cambia el odio por el ansia de
leer. ¿Te ha ocurrido a ti alguna vez algo similar con la lectura o con otra
actividad?
2. Un palíndromo
es una palabra o frase que puede leerse por los dos lados y en ambos casos dice
lo mismo, le enseña el alcalde de El Mundo de las letras a Virgilio. Por
ejemplo: “Ese bello sol le bese” o “Sé verle del revés”. ¿Te atreves a
inventarte un palíndromo?
3. Escribe un cuento cuyos protagonistas sean las letras
del abecedario que cobran vida en un bosque encantado, escribe tu nombre,
apellidos, curso, colegio y nº de teléfono particular y e-mail de tus padres y
envíalo por correo postal acompañado de un dibujo a:
Concurso
literario Grupo Leo
Apartado
3008
(03080
Alicante)
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