domingo, 8 de diciembre de 2013

Los libros del mes de diciembre 2013 del Grupo Leo en La Tiza: "Vacas flacas" de Teresa Broseta


Los libros del mes del Grupo Leo
en La Tiza

Artículo visto en:
Suplemento de Educación Infantil "La Tiza" 04-12-2013
Diario Información de Alicante con el Patrocinio de la Fundación CajaMurcia y COES

Vacas flacas
El autor: Teresa Broseta (Valencia, 1963 - ):
Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia y en Filología Hispánica por la UNED.
En 2001 recibió el premio Carmesina por su primera obra de narrativa infantil, La botiga del Carme (Ed. Bullent), y empezó así a abrirse camino en el mundo editorial.
Aunque escribe fundamentalmente narrativa, básicamente para niños y casi siempre en valenciano, ha publicado también poesía y teatro para niños, narrativa para adultos y diversas obras en castellano. También ha publicado relatos breves en algunas publicaciones periódicas.

El ilustrador: Lorena Soriano ( - ):

Argumento:
De la noche a la mañana, la vida de Andrés se pone patas arriba. ¡Y es que, cuando llegan las vacas flacas, arrasan con todo! Con sus padres sin trabajo, tienen que irse a casa de Mamelé, la extraordinaria abuela que hará hueco no solamente para ellos. Mientras todos hablan de crisis, Andrés intenta encajar los cambios con humor, pero ¿cómo se las arreglará la tribu familiar para salir adelante?

La Tiza de la Lectura. Leo, leo, que me animo a leer.
Un cuento:

Vacas flacas

            Mi vida se puso patas arriba cuando llegaron las vacas flacas. Y, la verdad, me pilló completamente por sorpresa. Eso me pasa por no prestar atención a lo que me dicen... Siempre que las vacas flacas salían a relucir en la conversación, yo desconectaba a  la velocidad de la luz. Nosotros no éramos granjeros, a fin de cuentas, y no me parecía que tuviéramos que preocuparnos gran cosa porque las vacas estuvieran gordas o flacas. Mientras siguieran dándonos filetes y hamburguesas...
            Así que aquel día, cuando llegué del colegio, me llevé una sorpresa morrocotuda. Tal como entré en casa, mientras soltaba la mochila en el recibidor y me frotaba los riñones doloridos, mi madre salió a mi encuentro. Eso no tenía nada de raro. Lo raro es que venía con los ojos hinchados y rojos, como de haber llorado un mar entero de lágrimas... Me abrazó como si viniera de un viaje larguísimo y sollozó:
-        ¡Han llegado, Andrés! ¡Ya están aquí las vacas flacas!
            Mi primera reacción fue mirar por encima de su hombro, como si esperar ver a su espalda un rebaño entero de vacas esqueléticas. Pero detrás de mi madre solo estaba la pesada de mi hermana Clara, como siempre, colgada de sus piernas y babeando como una fuente. Y, desde luego, ni con la mejor voluntad podía decirse que estuviera flaca, con aquellos michelines que se le desbordaban por debajo de la camiseta y por encima del pantalón... ¡Estaba claro que algo estaba muy oscuro!
            Como no sabía qué decir, y como no me gusta ni un pelo que mi madre tenga los ojos como dos tomates de ensalada, la abracé con todas mis fuerzas para que se sintiera mejor. Pero mis brazos tampoco debían de tener su mejor día, porque se echó a llorar como llora mi hermana cuando tiene hambre, o cuando tiene sueño, o cuando tiene... ¡Bueno, como llora mi hermana, que parece que no sabe hacer otra cosa!
            Me asusté una barbaridad, porque en mis diez años de vida nunca la había visto llorar de aquella manera. Con los ojos húmedos la había visto muchas veces, eso sí, porque mi madre es de las que se emocionan con cualquier cosa: un libro, una peli... ¡Hasta con la monerías de Clara, que ya son ganas de emocionarse! Pero así, a moco tendido, con los hombros brincándole como si fuera a caballo, no la había visto llorar nunca. Mi hermana, con su lengua de trapo, me explicó a su manera que aquello no era exactamente una novedad para ella:
            - Otda vess...
            ¿Otra vez? ¿Es que llevaba todo el día llorando, o qué? Cuando me había ido al colegio por la mañana la había dejado de lo más normal...
¿Qué podía haber pasado en tan pocas horas? Mientras buscaba desesperadamente qué decirle para que dejara de llorar, apareció de repente mi padre por el fondo del pasillo. ¿Mi padre en casa a las cinco y media de la tarde? Aquello si que era una novedad de las gordas...
-        ¡No llores más Carmen, que asustas a los niños!
            Me asustaba a mí, en todo caso, porque mi hermana estaba más fresca que una lechuga. Claro, como ella se pasa la vida llorando por cualquier cosa, aquello no le parecía nada extraordinario.¡Bienvenida al club de las lloronas, mamá!
             Mi padre solamente consiguió que mi madre cambiara mi cuello por el suyo y siguiera llorando con toda el alma. Asomándose por encima de aquella cabeza despeinada que no paraba de agitarse, me dirigió algo parecido a una sonrisa:
-        ¿Qué tal, hijo?
            ¿Qué tal? ¡Estupendamente, hombre! ¡Mejor que nunca! Si es de lo más normal llegar a casa y encontrarme un espectáculo como este... Me pareció que había llegado el momento de decidir entre aclarar las cosas o volverme loco de remate.
            -¿Qué pasa con las vacas, papá?
-        ¿Con las vacas?- Por un momento me miró como si yo fuera un extraterrestre en aquella historia, pero cayó en la cuenta enseguida y suspiró-. Ah, las vacas flacas...
-        Eso. ¿Qué pasa?
-        ¿Vamos al comedor y hablamos tranquilamente?
Eso de la tranquilidad lo veía difícil, pero tampoco parecía que las cosas fueran a mejorar por el hecho de quedarnos plantados en el recibidor, como espantapájaros. Por lo menos, podíamos ponernos un poco más cómodos y llorar más a gusto...
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Fragmento del libro: Vacas flacas
IlustracionesLorena Soriano
Editorial: Algar
Colección: Calcetín +8 años
ISBN: 9788498455182
Actividades:
  1. Las vacas flacas hacen llorar a la madre de Andrés. ¿qué crees que puede disgustar tanto a una madre? Imagina, escribe o haz un dibujo.
  2. En el banco del tiempo no se trabaja con dinero, se cambian cosas, tiempo o habilidades. El primer intercambio del banco de tiempo que realizó Mamelé consistió en cambiar ladrillos y otros materiales de construcción por conservas como mermelada, tomate frito o patatas al vapor. Haz una relación de habilidades tuyas y por qué necesidad las canjearías.
  3. En la novela has podido comprobar cómo vivían Andrés y su familia en casa de Mamelé a causa de la crisis. Escribe sobre ello en un cuento o poema y envíalo, acompañado de un dibujo original, al Grupo Leo. Escribid vuestro nombre, apellidos, curso, colegio y nº de teléfono o e-mail:
Grupo Leo
Apartado 3008
03080 Alicante
o por e-mail a: grupoleoalicante@gmail.com
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grupoleo@terra.com

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