Reseña:
Dos amigas, Andrea y
Sandra, se embarcan en la inauguración del parque temático más escalofriante
jamás creado: Port Locura. La cosa se tuerce cuando lo que parecía solo una
atracción más resulta ser en una prueba de supervivencia.
Enfrentándose a criaturas
sacadas de las páginas de los libros más terroríficos, las dos protagonistas
deberán resolver enigmas, superar sus miedos y poner a prueba su ingenio para
escapar. ¿Lo lograrán, o quedarán atrapadas para siempre en las garras de los
monstruos literarios?
Recomendado
a lectores a partir de 12 años.
El autor:
Tiene una extensa obra
juvenil que abarca desde novelas de misterio y aventuras, como la serie
del Club de los Raros, hasta relatos realistas y emotivos como Campos
de Fresas y Noche de viernes, además de títulos populares
como Kafka y la muñeca viajera, El asesinato de la
profesora de lengua, Las chicas de alambre y La
hermana equivocada, explorando temas sociales, históricos y fantásticos
para jóvenes lectores.
Las novelas Escape Book y Escape
Book 2: La Casa de los Monstruos, de reciente publicación, en
2023 y 2025 respectivamente, se caracterizan por convertir la lectura en un
juego de escape.
El ilustrador:
¡PLANAZO!
Andrea estaba leyendo.
El libro era apasionante.
Un novelón de seiscientas noventa y siete páginas, nada menos. Pero estaba
dispuesta a ventilárselo en un abrir y cerrar de ojos. La historia era
tremenda, los personajes un amor, el ritmo brutal, los sucesivos misterios iban
en aumento. Una espiral infinita de situaciones que se precipitaban hacia un
final imaginaba que antológico. A veces se preguntaba cómo podían los
escritores conseguir algo así, porque, desde luego, escribir una novela no se
hacía en dos días.
Los envidiaba.
Y todos eran distintos.
Acabó el capítulo. Miró la
hora. Tenía tiempo para dos o tres más, porque eran muy cortos. Se dispuso a
seguir cuando sonó el timbre.
Levantó la cabeza,
molesta.
¿La pesada de la vecina
pidiendo algo, que siempre se le olvidaba todo? ¿El cartero con alguna
notificación urgente?
Resopló. Luego se
incorporó y, casi arrastrando los pies, salió de su zona de confort: la
habitación en la que pasaba las horas durmiendo, estudiando o leyendo.
—¡Va! —gritó
ante la insistencia del que llamaba, que de pronto parecía tener el dedo pegado
al timbre.
Abrió la puerta y ante
ella apareció Sandra.
Con una sonrisa de oreja a
oreja.
—¡Hola, tú! —la
saludó su amiga.
Andrea se quedó extrañada.
—Hola.
Sandra no se limitó al
saludo. Entró en el piso, le plantó el beso de rigor en la mejilla (solo uno,
como si tuviera prisa) y se coló dentro.
—¿Estás sola?
—¿A esta hora? Claro. —Andrea
cerró la puerta y la siguió, intrigada—. ¿Qué haces aquí?
—¿Qué hacías tú?
—Leía.
—¡Tú y tus libros! —Sandra
caminó resuelta hacia la habitación de su amiga—. ¡Estás blanca!
—¿Pero a ti qué te pasa? —se
mosqueó Andrea—. ¿Has venido a darme la brasa?
—Que
no, tía. —Una vez en la habitación, se le plantó
delante con aquella expresión tan suya de «voy-a-contarte-un-secreto» o
«prepárate-para-algo-gordo».
Algo que no podía decirle
por teléfono, por supuesto.
—A
ver, suéltalo. —Se cruzó de brazos Andrea.
Eran muy distintas. Una,
cerebral; la otra, impulsiva. Una, tranquila; la otra, un nervio. Por eso eran
amigas. Y amigas íntimas. De toda la vida. Bueno, de todos sus dieciséis años.
Casi diecisiete, mes
arriba, mes abajo.
Sandra se sacó del
bolsillo dos pedazos de papel, rectangulares, de vivos colores. Andrea no pudo
leer lo que ponía en ellos, porque su amiga se los agitó por delante de la
cara.
—¡Tachán!
—¿Qué son?
—¡Entradas!
—Ya
veo que son entradas, ¿pero de qué?
—¿Cuál es el
acontecimiento del que todo el mundo habla estos días en el pueblo?
—Pues…
—Andrea hizo memoria.
—¡Venga, tía! —Sandra
volvió a agitar las entradas frente a sus ojos.
Los colores, algo que
parecía ser un conjunto de edificios fantasiosos, algunos futuristas, un
logotipo que ya empezaba a estar por todas partes…
—¿No serán para Port
Locura? —se atrevió a decir Andrea.
El grito de Sandra la hizo
saltar.
—¡¡¡Síííí!!!
Andrea le cogió las dos
entradas. Sí, lo ponía bien claro:
PORT LOCURA
Inauguración, 16 de mayo
INVITACIÓN
—¿Has conseguido dos
entradas para el día de la inauguración?
Sandra se puso a bailar.
Unos pasos ridículos, en plan payaso, entre la cama y la mesa en la que Andrea
estudiaba. Estaba orgullosa de sí misma. Más aún: encantada de conocerse.
Ella era así.
—¿Qué te parece?
—El
16 de mayo, el próximo sábado.
—¿A que es fuerte, tía? —Sandra
dejó de bailar y la cogió por los brazos para sacudirla—. ¡Vamos a ser de las
primeras en ver esa pasada! ¡Y gratis!
—¿Cómo que gratis?
—¡Es la inauguración, pero
en plan privado! ¡Abren las puertas para probar si todo funciona correctamente,
y necesitan público, claro! Así corregirán errores si los hay o verán qué
atracciones son las más visitadas, si hay colas, quejas… Por lo visto lo hacen
siempre que se inaugura un parque temático. Es demasiado importante como para
que se arriesguen a que algo salga mal con la gente que luego pagará una pasta
para entrar.
—¿Cómo las has conseguido?
—Me
he ligado a uno de los mandamases.
—¿En serio?
Sandra soltó una
carcajada.
—¡Qué voy a ligarme a uno,
tonta! ¡Es broma!
—Bueno,
tú eres capaz de eso y mucho más.
—¿Ah, sí? ¡Pues qué bien!
—Va,
dímelo.
—Mi
padre —dijo más tranquila—.
Su empresa ha estado trabajando en algunas de las partes informáticas, aunque
de eso hace semanas. ¿No recuerdas que te lo dije? La dirección del parque ha
repartido entradas a todo el personal que ha tenido que ver con la
construcción, la puesta a punto, autoridades, amigos… Quieren que esté lleno,
como un día normal cuando ya se abra al público.
Andrea se quedó callada.
Sí, todo el mundo hablaba
de Port Locura, el nuevo parque temático que se había construido a las afueras,
a menos de cinco kilómetros. Medio pueblo iba a trabajar en él. Un chollazo.
Durante meses habían visto cómo se levantaban las atracciones, pero desde
fuera, y en medio de un secretismo absoluto. Las noticias decían que sería de
ultimísima tecnología: hologramas, proyecciones generadas por inteligencia
artificial, experiencias inmersivas…
Inmersivas.
Andrea se preguntaba si
sería como meterse de lleno en un libro, porque esa era la experiencia
inmersiva más alucinante que jamás había vivido.
Extraido de: Escape Book 2 La casa de los monstruos
Autor: Jordi Sierra i Fabra
Ilustrador: Alberto Díaz
Editorial Anaya
1. Tras la lectura del
fragmento de la novela de Jordi Sierra i Fabra, ¿con qué personaje te
identificas, con Andrea o con Sandra? ¿te gusta leer o prefieres bailar?
2. ¿Has participado en
algún “escape room”? ¿qué pruebas recuerdas? ¿qué habilidades crees que
son importantes para superar los retos?
3. Escribe un cuento o
poema con un dibujo y envíalo por email a:
No olvides poner tu nombre
y apellidos, curso, colegio. Sera publicado en nuestro BLOG y en el suplemento
La Tiza del periódico INFORMACIÓN.
