Las historias creadas por el alumnado de 1º cobran vida gracias a nuestros mayores
El
alumnado de 1.º de Primaria del CEIP María Moliner, de Pilar de la Horadada,
vivió durante el último trimestre del curso 2025-2026 una entrañable
experiencia de animación a la lectura junto a las personas mayores usuarias de
la Unidad de Respiro Familiar de Pilar de la Horadada, en una actividad que
unió imaginación, creatividad y convivencia entre generaciones.
Una colaboración llena de imaginación
El
proyecto comenzó en las aulas, donde los niños y niñas inventaron sus propias
historias con la ayuda de sus tutores y docentes. Cada cuento estaba
protagonizado por personajes originales creados por el propio alumnado, fruto
de su imaginación y del trabajo realizado en clase.
Las historias llegaron después a la Unidad de Respiro Familiar, donde los mayores aceptaron un bonito reto: dar vida a esos personajes elaborándolos de forma artesanal en papel y cartulina, creando coloridas figuras y marionetas para que los cuentos pudieran ser representados.
Las historias llegaron después a la Unidad de Respiro Familiar, donde los mayores aceptaron un bonito reto: dar vida a esos personajes elaborándolos de forma artesanal en papel y cartulina, creando coloridas figuras y marionetas para que los cuentos pudieran ser representados.
El gran encuentro
Como colofón de la actividad, el alumnado visitó las instalaciones del centro de mayores para representar sus cuentos utilizando los personajes confeccionados por los mayores. La representación se convirtió en un momento muy especial, compartido por niños, docentes y personal y usuarios del centro.
Tras la actuación tuvo lugar un encuentro entre ambas generaciones, en el que pudieron conversar, conocerse y compartir impresiones sobre el trabajo realizado. La jornada terminó con un emotivo detalle: los mayores regalaron a cada niño una marioneta artesanal de un abuelo y una abuela, elaborada por ellos mismos como recuerdo de esta experiencia.
Como colofón de la actividad, el alumnado visitó las instalaciones del centro de mayores para representar sus cuentos utilizando los personajes confeccionados por los mayores. La representación se convirtió en un momento muy especial, compartido por niños, docentes y personal y usuarios del centro.
Tras la actuación tuvo lugar un encuentro entre ambas generaciones, en el que pudieron conversar, conocerse y compartir impresiones sobre el trabajo realizado. La jornada terminó con un emotivo detalle: los mayores regalaron a cada niño una marioneta artesanal de un abuelo y una abuela, elaborada por ellos mismos como recuerdo de esta experiencia.
Leer también es construir puentes
Esta iniciativa demuestra cómo la animación a la lectura puede convertirse en una herramienta para fortalecer los vínculos entre generaciones. A través de los cuentos, los niños desarrollaron su creatividad y expresión oral, mientras que las personas mayores aportaron su experiencia, dedicación y cariño en la creación de los personajes.
Esta iniciativa demuestra cómo la animación a la lectura puede convertirse en una herramienta para fortalecer los vínculos entre generaciones. A través de los cuentos, los niños desarrollaron su creatividad y expresión oral, mientras que las personas mayores aportaron su experiencia, dedicación y cariño en la creación de los personajes.
Cada año, con la llegada del otoño, las escuelas infantiles se llenan de
hojas, castañas, canciones y, casi inevitablemente, de la castañera.
No tengo nada en contra de ella. Forma parte de nuestra cultura y puede ser
una experiencia bonita para compartir en Educación Infantil. La pregunta es
otra: ¿tiene sentido convertirla en el eje alrededor del cual organizamos todo
el trabajo sobre el otoño?
Creo que merece la pena detenernos ahí.
Desde una mirada respetuosa hacia la infancia, el otoño no debería llegar
al aula como un tema cerrado que los adultos decidimos de antemano. Ya está
presente en el jardín, en la calle, en los árboles, en la luz, en la
temperatura, en la tierra, en los frutos, en los sonidos y en los pequeños
cambios que percibimos cada día.
Por eso, especialmente con los más pequeños, me parece más interesante
acompañarles a descubrir el otoño que enseñarles qué es.
Un niño no necesita memorizar que la castañera lleva un pañuelo o que vende
castañas. Necesita tocar una, notar su peso, hacerla rodar, escuchar el sonido
que produce, compararla con una piedra, esconderla y volver a encontrarla.
Necesita experimentar, disponer de tiempo, repetir, sorprenderse y contar con
adultos capaces de observar lo que sucede en ese encuentro.
Esta perspectiva transforma nuestra manera de plantear las propuestas. En
lugar de comenzar diciendo: «Ha llegado el otoño, vamos a trabajar la
castañera», podemos preguntarnos: ¿qué está ocurriendo en nuestro entorno?,
¿qué cambios observamos?, ¿qué despierta la curiosidad de los niños y niñas?
Tal vez aparezcan hojas, semillas, agua, tierra mojada, un insecto, una
rama o una castaña. Cualquiera de esos elementos puede convertirse en una
oportunidad para investigar, jugar, conversar, establecer relaciones y
construir aprendizajes.
Esta forma de entender la Educación Infantil conecta con una idea
fundamental: el aprendizaje no siempre comienza con una propuesta del adulto;
muchas veces nace de aquello que somos capaces de observar en los niños y
niñas.
Por eso es tan importante que el entorno tenga un papel protagonista. No
como un simple escenario para realizar actividades, sino como un espacio que
provoca, plantea preguntas y ofrece posibilidades de investigación.
En este sentido, la mirada de Reggio Emilia aporta ideas valiosas. Entender
el ambiente como un tercer educador y dar importancia a la observación, la
escucha y la documentación nos recuerda cuánto podemos aprender cuando
atendemos de verdad a lo que sucede delante de nosotros.
También conviene tener presente el lugar donde vivimos.
¿No merece la pena que los niños y niñas conozcan primero el otoño que
tienen delante?
La tradición, por supuesto, también tiene su lugar. Podemos contar cuentos
de la castañera, cantar canciones, conocer cómo se celebraba antiguamente,
conversar con las familias o compartir una fiesta.
Pero quizá sea importante colocar cada elemento en su sitio.
La castañera puede formar parte
del otoño sin convertirse en el otoño.
La diferencia puede parecer pequeña, pero resulta significativa. Cuando una
tradición ocupa el centro de todas las propuestas, corremos el riesgo de
repetir cada año la misma canción, la misma ficha, la misma manualidad y el
mismo mural. Y, al hacerlo, dejamos de mirar lo que realmente está ocurriendo.
La infancia necesita experiencias vivas, no solo actividades programadas.
Necesita encontrarse con materiales reales, con la naturaleza, con el
movimiento, con los demás y con adultos capaces de acompañar sin tener siempre
una respuesta preparada.
Por eso, este otoño me quedo con una pregunta sencilla:
¿Y si, en lugar de enseñarles el
otoño, lo descubrimos con ellos?
Tal vez entonces encontremos mucho más que una castañera: niños y niñas
observando, tocando, investigando, preguntando, jugando y construyendo sus
propias relaciones con el mundo.
Y ahí, precisamente ahí, comienza una verdadera experiencia de Educación
Infantil.
Mamen
Sanguino Oliva
Directora
de la Escuela Infantil Benacantil de Alicante
@benacantil_0a3
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