miércoles, 21 de diciembre de 2022

Poemas de 4º de ESO del Colegio Salesianos Don Bosco de Alicante

EL ARTE DE LA GUERRA

El arte es la expresión,

es una mirada sincera.

¿el sonido de una explosión?

No es arte; es guerra.

 

El arte es paz,

emoción y sabiduría.

La guerra, juego tenaz

entre la muerte y la vida.

 

El arte no es guerra,

la guerra no es arte

e incluso, si así fuera,

¿por qué está manchada de sangre?

 

¿Es por dinero?

¿Es por amor?

Tan solo es un duelo

de inexistente razón.

 

Soldados, civiles, ciudades

mueren en pena y crueldad.

Sin embargo, la primera víctima

siempre será la verdad.

 

Verdad silenciada,

sinceridad en el olvido

justicia abandonada…

¿Dónde queda el cariño?

 

Nada emociona tanto,

como enamorarse,

pero amar a la guerra,

es locura; no arte.

 

Hablemos de arte:

lo es la pintura,

también la música,

es la escultura.

 

La pintura, que no la sangre

la música, que no los disparos

la escultura, que no los cuerpos…

¡Quién se atreva a llamarlo arte!

 

Aquellos que eran amigos,

unidos como hermanos,

se enfrentan para llevar consigo,

las vidas de otros en vano.

 

Las amistades y los abrazos

todo ello se aparta,

para poder dejar paso

a las más crueles armas

 

El arte no es guerra,

la guerra no es arte

e incluso, si así fuera,

¿por qué está manchada de sangre?


Unos mandan, otros ejecutan.

En batalla, las vidas se disputan.

Unos viven, otros mueren.

Nadie gana, todos pierden.

 

la gente huye y corre

presa de pánico y angustia

dichoso aquel hombre,

ese que no me escucha.

 

La guerra empieza a golpe de palo,

espada y fusil en mano.

Paz, querida y dulce amiga

¿Dime, esto cuándo termina?

 

¡Ojalá saber contestar

ojalá volver a amar

ojalá mirarte a los ojos

y poder perdonar!

 

Andrés Romero Velasco, 4º ESO C

  


El pasado y el futuro pasan rápido, y el presente es lento,

Así veo las cosas, y con un poema, te lo intento contar en este momento:

Recuerdo el momento que pensaba; qué feliz soy,

Un segundo más tarde se convertía en un qué feliz fui hoy.

Hace tiempo pensaba solo en el qué alegre seré.

Es igual en este poema, donde lo ya plasmado es pasado, y el futuro no lo sé. Es verdad que el añorado presente nunca llega, mientras sueñas con él, ya ha pasado y nada queda.

 

Es increíble cómo las cosas pasan de ser parte de un futuro lejano, a ser pasadas, cuando ya se han escapado de nuestra mano.

¿A qué llamamos presente?

Si son escenas que están siendo escritas ahora en nuestra mente. Si es que alguna vez llegamos a tenerlo, los mejores sucesos se escaparon sin saberlo.

Ahora solo nos podemos fiar de nuestro dudable recuerdo.

Ese que me traiciona, cuanto más intento que se quede, más lo pierdo. Desde el pretérito el presente parece etéreo, intangible, pero si cerramos los ojos ya ha pasado y adquiere esa forma intransferible. Nuestro pasado forma quien somos, y nuestro futuro quien queremos ser, qué es entonces el presente, si no experiencias que al morir, no cesan de nacer.

 

Deje, querido lector, de desear algo que ya tiene ya que pensando en él, pasa sin dejar rastro lo de ahora y se pierde lo que viene. Nunca olvide cuál fue su pasado, siempre estamos aprendiendo si sabemos recordar lo ya formado. Tampoco pierda su pasión por el futuro pues es lo que le ayuda a tener un paso tan firme, tan puro. Mas no se obsesione con estas dos cosas, estimado filósofo inocente pues puede estar viviendo ahora mismo, su más bonito presente.

 

María Miró Sitges, 4º ESO B

 

 

LAS ESTRELLAS 

Llega la noche y veo las estrellas

Y yo, pequeña, desde la distancia

contemplo pensando que son muy bellas.

 

Parecen perfectas, con elegancia,

todas unidas en constelación,

millones de estrellas en abundancia.

 

Y yo, mirándolas con emoción,

siento lástima porque estén tan lejos,

por eso les dedico esta canción:

para observarlas hasta sus reflejos.

 

Alma Escabias Catalá, 4º ESO C

 

ACTIVIDAD

Escribe un cuento o poema con dibujo y envíalo por email a:

grupoleoalicante@gmail.com

No olvides poner tu nombre y apellidos, curso, colegio. Podría ser publicado en nuestro BLOG.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

El libro del mes de diciembre: "El color de la oscuridad"

 

Reseña:

Tras sufrir un terrible accidente de tráfico, Álex se queda ciego. Para él y para su familia empieza entonces una nueva vida en la que nada, ni la tarea más simple, resulta fácil. Poco a poco, Álex irá aprendiendo a desenvolverse, pero un día se enamora, y eso, curiosamente, va a complicar mucho las cosas. Edad recomendada: mayores de 14 años.

El autor:

Francisco Díaz Valladares (Aljarafe, Sevilla, 1950).

Ha dedicado gran parte de su vida a viajar por el mundo. Es gran observador de distintas culturas ha sabido sacar partido de cada una de sus experiencias vitales convirtiéndolas en las semillas de las que han germinado sus historias literarias.

Entre su producción destaca una amplia colección de novelas, predominantemente de aventuras situadas en exóticos parajes como El secreto de Pulau Karang. Sin embargo, su necesidad de no ser un mero espectador y de interactuar con su realidad más cercana le ha llevado a crear novelas con un tono más realista como La barca del pan, novela que describe de forma concienzuda la influencia y consecuencias del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar. También ha tratado temas tan actuales como las nuevas tecnologías y su repercusión en el mundo actual, prueba de ello es su libro El último hacker.

Precisamente, su última novela publicada, El color de la oscuridad (2022), no va a dejar indiferentes a los jóvenes que leen con asiduidad sus novelas.

EL COLOR DE LA OSCURIDAD

A mi perra Nanuk. Nadie me obsequió nunca

con tanto amor, ternura y fidelidad

 como me dio ella el tiempo que convivimos.

Su postrera ceguera inspiró esta novela.

F.D.V.




I

“¡Me ahogo!”.

       Un frío intenso le atenazaba el cuerpo. Empezó a bracear hacia la superficie con desesperación. La vislumbraba a pocos metros sobre su cabeza. Los pulmones amenazaban con estallarle. No podía más, no le quedaba aire. Durante unas décadas de segundo observó el abismo bajo sus pies: oscuridad. Dentro del pecho una oleada de calor hiriente lo invitaron a seguir respirando, pero no podía, si abría la boca moriría. Tenía que subir. Subir, subir, subir… Agitó los brazos. No llegaba.

“¡Me muero!”.

“¡¡¡Nooo!!!”.

Su propio grito interior le produjo una terrible punzada en la cabeza y lo devolvió a la realidad.

Trató de introducir aire en los pulmones dando grandes bocanadas.

Desesperación.

Jadeos.

Pero…, pero… ¿Por qué estaba todo tan oscuro? ¿Dónde se encontraba? Palpó el entorno. Aquello no era la superficie del mar. ¿Una cama?

Las piernas. También le dolían las piernas.

“¡¡¡Dios mío!!!”.

Sus manos se desplazaron veloces hacia ellas.

La derecha estaba escayolada.

-¡Ahhh!

La penetrante punzada volvió a atravesarle las sientes de lado a lado. Quería abrir los ojos, pero no podía. ¿Por qué no…? Algo le impedía mover los párpados… ¿Una venda? La tocó con cuidado. ¡Una gasa le aprisionaba el cráneo!

Intentó poner en orden sus pensamientos y cayó de nuevo en las difusas, oscuras y aterradoras profundidades. Ni siquiera tenía claro quién era y le horrorizaba la idea de encontrarse tumbado en aquel lugar desconocido.

Prestó atención. Un bip cadencioso en la parte de arriba, como si estuviera colgado de la pared, y a la derecha gorgoteos…

“¡¿Un hospital?!”.

Algo metálico cayó al suelo y rebotó con estrépito. ¿Lejos, cerca? Se sobresaltó. Oyó pasos apresurados y palabras ininteligibles. Risas. De pronto, alguien ordenó silencio y las charlas se amortiguaron hasta convertirse en un murmullo de iglesia.

-       ¿Hay alguien ahí? -susurró a pesar de tener la certeza de estar solo-. ¿Mamá?

El ruido apagado del tráfico y el aullido de una ambulancia acercándose al hospital fueron la respuesta a esa pregunta matizada por el miedo.

El ulular de la sirena creció hasta que el vehículo se detuvo y el pitido se disipó emitiendo un sonido agónico. Esperó unos segundos y continuó examinando su cuerpo. El brazo izquierdo vendado hasta el codo, una aguja hipodérmica en el derecho y un par de tubitos de plástico metidos por la nariz.

Le costaba respirar.

-¡Por favor, que alguien me ayude! – gritó con desesperación.

La cadencia de los bips aumentó.

Oyó pasos acelerados. Una puerta se abrió. Alguien se acercó y manipuló algo.

Trato de incorporarse, pero una mano en el hombro se lo impidió.

-       Por favor, Álex, relájate. Gracias a Dios, has vuelto en ti.

-       ¿Quién es usted? Quiero levantarme. ¿Dónde estoy?

-       Soy tu enfermera, me llamo Cati. Tranquilízate. Estás en el Hospital de la Reina, en Ponferrada.

-       Pero…

-       Has estado en coma durante catorce días.

-       ¿Catorce días?

-       Ya ha pasado lo peor.

-       ¿Ha pasado lo peor? ¿Qué ha pasado?

Su mundo auditivo volvió a sumergirse en un oscuro y profundo abismo (…).




III

Aunque de manera débil, por fin consiguió pronunciar la palabra:

-       ¡Mamá!

-       Aquí estoy, Álex -le acarició la mano y tragó saliva en un intento de ocultar la ansiedad-. También está papá.

-       Hola, hijo -lo saludó el hombre, en un esfuerzo por aparentar normalidad.

-       ¿Qué ha pasado?

Cada palabra iba acompañada de un suplicio en forma de pinchazo en la cabeza.

-       Habéis tenido un…, un accidente -a pesar de sus intentos de parecer sereno, la voz del padre se quebró a mitad de la frase.

-       ¿Y Julio? ¿Y las chicas?

Silencio.

-       ¿Qué…, qué pasa? ¿Qué ha pasado? ¡Quiero saber qué ha pasado!

 

Trató de levantarse, pero la leve presión de una mano en su hombro se lo impidió.

-       Debes calmarte -el tono preocupado de su padre lo puso aún más tenso-. Tuvisteis un accidente con el coche -soltó, y calló durante unos segundos para amortiguar el peso de la información-. Tú eres el único superviviente.

Fuerte pinchazo en las sienes, pellizco en el estómago, calambres en las piernas.

De su oscuro mundo empezaron a emerger imágenes de Julio, sonriente, con su desparpajo habitual.

No podía ser.

Julio no podía estar muerto. Aquello…, aquello tenía que ser un sueño. No, no…

Intentó llorar, pero sus ojos parecían secos. Presintió horrorizado que bajo la venda no había nada. ¿Se había quedado ciego? Las manos corrieron presas del pánico a arrancársela.

Extraído de: El color de la oscuridad

Autor: Francisco Díaz Valladares

Editorial: BRUÑO

Colección: Paralelo Cero

1. Para la reflexión. ¿Cómo crees que Álex encarará su nueva vida? ¿Cómo te enfrentarías tú a una situación semejante?

2. Busca información en internet sobre el alfabeto Braille y escribe tu nombre y el título de un libro que hayas disfrutado con su lectura.

3. Escribe un cuento o poema con un dibujo y envíalo por email a: grupoleoalicante@gmail.com

No olvides poner tu nombre y apellidos, curso y colegio. Podría ser publicado en nuestro BLOG.

Grupo Leo